<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244</id><updated>2011-12-14T19:00:21.537-08:00</updated><title type='text'>Samuel Cardich</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>11</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-115203349983253791</id><published>2006-07-04T10:09:00.000-07:00</published><updated>2006-07-04T10:18:19.863-07:00</updated><title type='text'>TODO ES UN TIEMPO</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;¡Fuera, mierda!, me gritaba y decía que en lugar de estar vigilándola día y noche como un cachaco, debería irme a putear a la calle y dejarla tranquila en su lecho de enferma; así, usando esas palabras gruesas, me botaba de la casa, y nada más que por el hábito de hacerlo cada vez que las píldoras y mejunjes de botica le calmaban sus dolores al hueso de la cadera; y llena de furia, con la comisura de los labios manchados de saliva reseca y amarillenta con que amanecía a raíz de su genio bilioso, que se le iba agravando a medida que pasaban las horas y sólo por verme sirviéndola siempre con palabras de amor: buenos días, madre mía, la saludaba con atención, alcanzándole sus bizcochos y el tazón de café humeante, que tenía que tomar libre de azúcar y tres veces al día para que no se le baje la presión ni se le agrave su crisis de nervios; yo amorosa, y usted, hirviendo de cólera, tirando de un manotazo el azafate del desayuno que le servía o negándose a probar las comidas, diciéndome que las echara a la batea de la porqueriza, para que los cerdos blancos que criaba por negocio se aprovechen de ese alimento; y como recompensa a mis buenas maneras, ladeaba la cabeza y ponía el entrecejo fruncido para soltarme los perros bravos de su lenguaje indecente, madre mía, que me hacían temblar de vergüenza y de miedo, con sólo mirar su semblante iracundo y su cabello desgreñado, con que despertaba por la mala costumbre de dormir cubriéndose la cabeza con las cobijas; echándome en cara que era la hija de un maragato de mala leche y por eso le había salido una zorra de siete suelas, y además insolente, así me decía, cuando yo no era más que la apacible sor Ana Sofía del Convento de las Concebidas, que sólo abandona su encierro para ir a comprar en la esquina; lanzándome sapos y culebras desde su lecho de doliente, hasta que se le acababa la saliva y dejaba de hablar; pero sus palabras me entraban por un oído y me salían por el otro, porque no era usted quien hablaba, sino mi madre Deidemia tocada de la cabeza; y por más que me llenara de injurias de todo calibre, el amor paciente era mi aliado y me daba fuerzas para volverme sorda y no prestar atención a sus malas palabras ni a su petición insistente de que la dejara sola entre las cuatro paredes de la casa de alquiler donde vivíamos; diciéndome además que si era lástima el motivo de mis desvelos, que me fuera sin angustia, pues al día siguiente no le iba a faltar un cristiano que le alcance una taza de agua para su sed o un trozo de pan para su hambre, sabiendo bien que a esa clase de cristianos se los comieron los leones en el circo romano, y también que a causa de su caída, ya no podía levantar ni el peso de su alma, madre mía Deidemia, y por ese motivo tenía que darle de comer en la boca, atenderla en sus necesidades y, cuando estaba rabiando, darle su baño de esponja, secarla bien y echarle talco en la espalda para que no se le enllague a causa de la cama dilatada que padecía; todo hecho con el mayor gusto y esmero, porque no era trabajo sino regocijo pasarme las horas sirviéndola sin alejarme más allá de medio metro de distancia de mi puesto de guardia, pues ni bien me iba a preparar algún bocadillo o a cumplir con mis propias urgencias, ya me estaba llamando para alcanzarle el bacín que no necesitaba o el vaso de agua que no bebía, o para limpiarle la boca estragada por la hiel de sus rabietas sin motivo ninguno, y sólo por verme rondando su cama, donde se quedó postrada desde que se cayó en el corredor y se fracturó el hueso de la cadera; sin perder la paciencia ni llegar nunca a pensar en dejarla a su suerte; ¡no, Santo Cielo, cómo voy a cometer ese crimen!, me advertía con susto en el momento que me entraba por error la idea de ponerla en el sanatorio al cuidado de un loquero de esos; ¿y sabe por qué, madre mía?, porque cuando se quiere de veras no se puede vivir separada del ser que nos mueve el cariño, como dice esa canción de amor y que yo cumplí a pie juntillas durante los quince años que vivió privada de la cordura, y, más aún en esos tres meses postreros a su accidente, en que me pasaba las horas sentada en mi silla de guardia, tejiendo y destejiendo la misma labor que tramaba y urdía, y no porque aguardara la llegada de un macho con la entrepierna caliente, como usted me inculpaba con el propósito avieso de herirme, sino porque era un pretexto que inventé con el fin de pasar la mayor parte del tiempo al lado suyo y así pudiera tener una enfermera a su orden, para que le administre sus remedios, le distraiga y acompañe oyendo sin replicar sus discursos que no tenían ni pies ni cabeza y que a veces me sacaban de quicio; sin embargo, ahí estaba, aguantando en mi rincón los embates de su humor tornadizo, que en cosa de minutos le hacía pasar de madre dulce a madrastra amargada y proclive a echar a la calle a la hija unigénita que tuvo cuando se le estaba acabando el periodo de su madurez, y a consecuencia de ello es que llegó a perder la cabeza, según el decir de la gente; a pedirme que me fuera a putear o a entregarme al primer semental que tuviera el pincho parado, usando ese lenguaje que antes no conocía su boca cuando vivíamos carentes pero felices, y usted se dedicaba a su labor de modista; y mientras iba hilvanando un monillo o cosiendo alguna pieza de vestir, con su filosofía de mujer engañada me daba lecciones para esquivar las trampas que el hombre ha sembrado en las calles con el fin de atrapar a las mujeres ingenuas; sabios consejos que escuchaba con atención, madre mía, y pensaba ponerlos en práctica cuando llegara a mi mayoría de edad, hasta esa tarde en que la encontré en el baño dibujando animalitos con su caca y empecé a dudar seriamente de su cordura; y la apacible rutina que fue nuestra vida de siempre se acabó una tarde en que se escapó de la casa y la encontraron por el sendero que lleva al botadero de la ciudad, caminando sin brújula y diciendo que se estaba yendo de viaje a la selva; fue ese día que decidí sacar de mi cabeza las vanidades del mundo y sellar mi corazón para que no entre allí a vivir ningún hombre; y me dediqué a cuidarla con la mitad de mi tiempo y con la otra mitad a ejercer el oficio de costurera, que me dejó en herencia el día que salió al encuentro de la locura; cerrada en mi cárcel hogareña, solamente salía de la casa para ir de compras o para escuchar los domingos la misa de siete, caminando siempre con la cabeza gacha para evitar que una mirada maliciosa y dada a traición por algún hombre, entrara a emponzoñarme el alma; negada a las distracciones mundanas, oía desde mi cuarto solitario la reventazón de los cohetes y la alegría del viento que traía en los días de fiesta el sonido de las orquestas invitando a la gente a darle un alivio a sus vidas, llamando a las muchachas para que esa noche entregaran su cuerpo y su alma a la música; y también llamándome a mí, Ana Sofía de Bonilla Fernández, soltera e hija de Juan de Bonilla, el maragato que pasó por estas tierras sembrando hijos para que se dedicaran a cuidar con devoción a sus madres; como yo lo hice también, sin pensar en placeres ni en juegos, ni en distraerme siquiera mirando por la hendija de mi ventana a los hombres que venían los sábados a darme serenatas a las doce de la noche o para saber quién era el trovador que me estaba queriendo y me traía sus versos de desolación y nostalgia; y aunque usted me enseñó que mentir es como agarrar con mala intención un cuchillo, nunca le conté esa verdad, madre mía, porque juzgué que no era delito oír sin ver una serenata de amor; durante un tiempo, esas romanzas se convirtieron en el recreo donde se holgaba mi vida, hasta que yo misma me encargué de ponerles término, mediante un escrito que hice a la comandancia del puesto, pidiendo que me pusiera una pareja de guardias para espantar a los cantores que estaban amenazando con desviarme del camino que me había trazado; y aunque una pena de abandono y silencio se quedó en mis oídos, me reintegré sin nostalgia a mi arte casero de gobernar la rutina y de ir dividiendo con tino los menguados ingresos que me dejaban el comercio de animales domésticos y la costura; labores que combinaba con mi función de vigilancia, que suspendía a ratos para convertirme en la niñera de mi madre que se le daba por jugar a las muñecas, o en su ayuda de cámara, ocupada en vestirla y adornarla para que asista a la gala benéfica que estaba por darse en su idea o para cualquier otra ocurrencia que se le venía a la cabeza; fantasías que sabía atender con prontitud, porque eran sólo los juegos y papeles del teatro normal de la locura; y una vez terminado mi quehacer habitual, la llevaba a su cama para hacerla dormir cantándole las canciones que me cantó cuando yo era una niña, tan dulces, que mi memoria las recuerda nítidamente como si las hubiese oído el día de ayer; y era feliz, porque su carácter era aún llevadero y podía entretenerme leyendo poemas y novelas de amor, escuchando la radio o echándole una mirada a las marchas y caravanas de los circos que desfilaban por nuestra calle derecha en la fiesta de julio o en el aniversario de la ciudad; todas ellas, distracciones sencillas que me libraban del tedio, madre mía; pero mi fiesta grande era el carnaval; desde el miércoles de ceniza esperaba con paciencia que acabara el año y llegara el domingo de carnaval para ver la entrada de las cuadrillas de músicos que pasaban abriendo el desfile con sus guitarras y acordeones, con sus violines y arpas, cantándole a la vida pasada y a la vida presente, entonando cada año los versos del pasacalle dolido: “Cuando me vaya, cuando me ausente/ tendrás presente de no llorar”, que me despertaba siempre un sentimiento de pesar y de culpa, imaginando que esos versos de su desengaño los había escrito el poeta para que me los cantaran a mí; durante dos horas me quedaba viendo el avance de los guapos jinetes disfrazados de chalanes que iban en sus caballos de paso, de los cabezudos y saltimbanquis, de las ballenas y pavos reales, de los caballitos de mar y de cuanta imagen de animal de aire, mar y tierra se podía recrear sobre un armatoste de ruedas; y para aplaudir al final a las reinas de belleza que pasaban en el podio más alto de las carrozas multicolores, cerrando el espléndido desfile; el carnaval era mi oasis, madre mía, el suceso que amenizaba una vez al año la aridez de mi rutina; pero así como discurría la música y la alegría impar de las carnestolendas, sin que pudiera verlo, por detrás de ellas pasaba también la fanfarria del tiempo invisible, retocando cada año la fiesta, cambiando a su capricho los personajes del carnaval por otros que no tenían ese toque de ayer que le daba su versión de nostalgia; entonces poco a poco le fui perdiendo el interés a la fiesta y acabé por sumarme al desfile de los años baldíos, al trance de su vida que siguió durante un tiempo en su curso habitual hasta la mañana de esa infausta caída que la dejó inmovilizada en su lecho; fueron tres meses de tortura y delirio que acabaron en la mañana de un doce de mayo, cuando entró en un sopor parecido al coma y expiró a causa de una traicionera y mortal neumonía; fue ahí cuando su vida desvariada empezó a hacerle falta a mi vida; durante un año me resistí al hecho de haberla perdido, y en los días en que mi angustia era más densa, la convocaba en voz alta para que huyera de la muerte y con toda su locura de ayer volviera a mi lado; tocaban a la puerta y creía que era usted retornando del silencio o de pronto la escuchaba llamarme con un grito lastimero, pero cuando iba a su habitación para ponerme a su orden, era sólo el fantasma que creó su sufrir el que se quejaba otra vez en el cuarto vacío; entonces huía de la casa y su memoria para ir a buscarla en el lugar de su destierro; me hincaba en el suelo y le rezaba con fervor a la cruz que puse en su tumba y que cerqué con cardo santo y ramas de huarango, a fin de que los pobres que bajan de los cerros a robarse las cruces de palo para hacer su candela, no se llevaran la suya, dejándome desorientada, sin saber bien si en lugar de mi madre le estaba rezando y llorando a un muerto ajeno; y después de hallar un poco de calma, me iba dejando una flor humilde en esa fosa común donde estuvo en un comienzo, porque mi pobreza me impidió que le diese un mejor destino a su muerte; hasta un día lunes, en que vi a unos obreros excavar los sepulcros para sacar los huesos de los muertos antiguos, con el fin de quemarlos y tirar después sus cenizas en el bote de los desechos; me llené de espanto, madre mía, al ver esa acción y suponer que eso mismo podía ocurrirle el día que ya no estuviera; por eso decidí darme día y noche a mis labores de costura para rescatarla del hueco de tierra y llevarla a descansar en un pabellón de ladrillo; una ilusión que hice realidad y que por desgracia sólo me duró unos meses, pues cuando llegaron las lluvias de invierno, el agua empezó a correr por el terreno en declive y a meterse en los nichos del primer piso, anegando las tumbas; por ese motivo tuve que ahorrar dos años más para subirla al tercer piso, y otra vez el mismo periodo con el fin de cambiar su nicho de provisional a perpetuo, para que sus restos se quedaran allí, para siempre al abrigo de la lluvia y del tiempo; y por un año más todavía continué en mi cruzada para que pudiera tener su lápida de mármol con la imagen de la Virgen Dolorosa y su Hijo, tallada en alto relieve; y a los siete años de mi empeño, pude recién suspirar con alivio y decirme: bien, Ana Sofía, ahora ya puedes descansar porque ha concluido tu obra; y eso hice, madre mía, durante una semana reposé de mis penas recientes y antiguas, y me di un respiro paseando por las calles hasta que me ardieran los pies y se me doblaran las rodillas, pues si no me echaba a dormir muerta del cansancio, los rezagos de mi juventud que creí haber echado al olvido, se levantaban de su letargo a pedirme cuentas de lo que hice con mi vida; pero una vez que pasó ese tiempo, el ayer empezó a vencerme y la nostalgia acabó por hacerme su presa; fue entonces cuando me puse a revolver el baúl de los recuerdos perdidos con el fin de encontrar las cartas sin fecha ni firma que me enviaron mis pretendientes anónimos, los mensajes galantes de las serpentinas de algún carnaval que guardé y que cayeron por accidente o intención a mis manos, la lisonja de los hombres de paso que me abordaron cada vez que me veían salir de la iglesia, y el vals de los noctámbulos que se detuvieron frente a mi ventana para traerme sus serenatas de amor; y, junto a ellos, rescaté la voz del solista que apareció cuando se dispersaron los tríos y cuartetos de trovadores, y que llegaba por cautela sólo los días viernes para hacerme oír las mulizas de su desilusión e irse después apagando su voz a medida que se iba perdiendo en la distancia; y el recuerdo es una fiebre que desvela, madre mía, pues cuando volvían esos imágenes a mi memoria, me amanecía sentada en la cama, imaginando con pena mi vida que pudo ser y no fue; entonces me entraba en el alma el deseo irreprimible de que el pasado volviera, que ese hombre que le cantó a mi vida, se parase otra vez frente a mi ventana y después de entonar las penas de su corazón solitario, entrara sin permiso a consolarse en mi aposento de soltera, donde yo lo iba a esperar con impaciencia, para que me ayude a desfogar la lava de pasión que tenía contenida en el volcán de mi vientre; y fue entonces cuando una extraña afición por los hombres entró a trastornar mis instintos, a sacarme a las calles para buscar por sospecha o por cálculo a los trovadores que pudieron haberme cantado, y que me quisieron o pudieron haberme querido; y me volví mujer de la calle que iba por ahí con la entrepierna caliente, sonriendo y desafiando a cualquier hombre con la misma mirada e insolencia con que lo haría una zorra, para que se atrevieran a hacerme una proposición deshonesta y me llevaran después adonde quisieran, al filo de cualquier abismo, para hundirme en el vacío de la pasión y la locura; durante meses caminé así por las calles de la noche sin conseguir otra cosa que el comentario adverso de la gente que hablaba de mí cada vez que me veía pasar pintada de colorines, puesta mi blusa de escote y mi falda por encima de las rodillas: “¿Qué pasa con Ana Sofía?”, las oía decir, “¿No habrá perdido el juicio igual que su madre?”, “¡Qué va, si la locura no se hereda!”; y pese a las críticas que escuchaba a diario, seguí saliendo perfumada y con el rostro cubierto de afeites, en pos de mi cosecha tardía; hasta ayer en la noche, en que me paré frente al espejo de cuerpo entero de nuestra salita de costureras, para observarme desnuda, y me vi parada ahí con mis treinta y siete años de vida no usados por ningún hombre, con los senos duros, la piel todavía tersa y el cabello brillante, pero con el alma marchita y los ojos apagados por una existencia que se fue amarillando como un jardín en la sombra, por falta de sol y de aire, pero más que nada, por no haber tenido un jardinero que se dedicara a cultivar el vergel de mi vida, para que pudiese echar siquiera una flor; esa flor roja que ansié y debí coger para mí, a sabiendas de que la vida no dura, que la muerte puede llegar mañana; entonces recordé que una tarde en que el desvarío le dejó volver por unas horas al dominio de su juicio, se puso a comentar de las cosas del mundo y a decir que todo es un tiempo, y yo, creyendo que expresaba mal esa idea, la corregí diciéndole: no, madre, querrá decir que todo es por un tiempo o que los plazos del mundo se acaban y que la gente vive sólo los momentos fugaces que le toca vivir; pero no, lo que intentaba decirme era que todos los tiempos se dan de una vez, que no hay pasado ni futuro, sino un solo tiempo presente, que nace y muere de manera incesante, arrastrando al mismo tiempo el pasado que fue y el futuro que podrá ser algún día; y recuerdo también que después de pronunciar aquella frase, se puso muy triste y bajando sus hermosos e intensos ojos pardos que tuvo, agregó que la única esperanza que le quedaba en la vida era la muerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Por eso he vuelto a usted, madre mía Deidemia, cansada de esperar al hombre que no llega y al otro que tampoco vendrá; a golpear su lápida con mis nudillos y perturbar su calma en esta hora temprana en que puedo estar a solas con usted y contarle los hechos que no llegó a conocer, porque la locura no oye ni ve bien ni tampoco tiene memoria; y asimismo para desahogar un poco mis cuitas que le refiero en voz alta, a fin de que me escuche y sepa que aún estoy viva, amándola como siempre lo hice, esperando que ocurra lo que tenga que ocurrir, en tanto llega la hora de ir al lugar donde ahora se encuentra y así pueda seguir cuidándola más allá de la muerte, hasta donde sea capaz de durar la eternidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Del libro La muerte puede llegar mañana,&lt;br /&gt;Ed. Universidad Ricardo Palma, (pags. 15-23) &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-115203349983253791?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/115203349983253791/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=115203349983253791&amp;isPopup=true' title='8 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115203349983253791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115203349983253791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/07/todo-es-un-tiempo.html' title='TODO ES UN TIEMPO'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-115116475937170280</id><published>2006-06-24T08:57:00.000-07:00</published><updated>2006-06-24T08:59:19.373-07:00</updated><title type='text'>LA GUERRA</title><content type='html'>Éramos adánicos&lt;br /&gt;y aún podíamos inventar el mundo&lt;br /&gt;o hacer al costado uno nuevo con la guerra.&lt;br /&gt;Y éramos, simplemente.&lt;br /&gt;Una suerte de aguerridos&lt;br /&gt;que salían con la fantasía en armas&lt;br /&gt;a librar una batalla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El parque&lt;br /&gt;era el escenario de la guerra.&lt;br /&gt;Sitiábamos la plaza&lt;br /&gt;y detrás de la barricada de los setos,&lt;br /&gt;fuego graneado al enemigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con fusiles de palo y otros pertrechos&lt;br /&gt;ilusorios, de un solo asalto&lt;br /&gt;caían en nuestro poder&lt;br /&gt;ciudades con nombres de leyenda, en desbandada&lt;br /&gt;las horas opacas, la rutina:&lt;br /&gt;y a todo lo ancho del parque,&lt;br /&gt;una vez más, el mundo era la infancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En quinientos metros a la redonda&lt;br /&gt;no había recinto arbolado&lt;br /&gt;ni silencio que resistieran la presión&lt;br /&gt;de nuestro ataque.&lt;br /&gt;Si blandamente capitulaba la tristeza,&lt;br /&gt;¿quién podía vencernos?&lt;br /&gt;Sólo los vendedores de manzanas&lt;br /&gt;o el sonido vagabundo de la flauta&lt;br /&gt;del afilador de tijeras&lt;br /&gt;ponían una tregua de asombro a la lucha. Y vuelta&lt;br /&gt;los soldados a dar comienzo a la ofensiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La guerra nuestro oficio: dos falanges&lt;br /&gt;enemigas por acuerdo&lt;br /&gt;para sojuzgar la soledad y el tedio de la tarde.&lt;br /&gt;Y mientras la campana dominical&lt;br /&gt;languidecía bajo el fragor de la batalla,&lt;br /&gt;las mujeres de la casa&lt;br /&gt;preguntándose a qué hora llegarán los combatientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque la guerra a los siete años&lt;br /&gt;no tenía cuándo acabar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-115116475937170280?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/115116475937170280/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=115116475937170280&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115116475937170280'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115116475937170280'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/06/la-guerra.html' title='LA GUERRA'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-115080904415450425</id><published>2006-06-20T06:08:00.000-07:00</published><updated>2006-06-20T06:10:44.193-07:00</updated><title type='text'>DÍA DE CRECIDA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Si no ganaba la guerra no hubiera podido comprobar que puede ser cierto lo que dijo mi tío Parmeño y es que ayer subí con mis soldados por esta cuesta empinada a recibir el botín de la guerra que perdieron los indios apaches y en la mitad de este cerro me estaba esperando el jefe Águila Blanca quien después de entregarme tristemente el tesoro sonrió y dijo en voz alta ¡ahora sí por fin podemos fumar la pipa de la paz! y juntos con él nos fuimos a la orilla de la quebrada por donde baja el Huacarmayo a fumar los diez cigarrillos que eran todo el tesoro y cuando estaba fumando sin parar de toser vi el hilito de agua que bajaba por el cauce seco del río anunciando que algo bien feo puede pasar y al ver ese hilito de agua seguí fumando y tosiendo con gran alegría hasta que empezó a ennegrecerse la tarde entonces dejé de sentirme alegre y me bajé del cerro pensando con temor en la santísima trinidad que es un látigo de tres puntas con el que mi mamá me castiga cuando llego después de las seis de la tarde y aunque ella no se quita del todo la mala costumbre de estarme pegando ahora es menos que antes porque tiene que lavar y coser mucha ropa y ya no tiene tiempo ni para escupir en el patio y es que más antes cuando yo le pedía permiso para ir a jugar ella escupía en el patio una saliva espumosa y después de amenazarme con la santísima trinidad me decía regresa a la casa antes que se seque la saliva y yo entonces tenía que partir a la carrera y apenas empezaba a ganar mis primeras canicas jugando al hoyito tenía que volver a mi casa y llegar justo cuando el sol estaba por secar el último puntito de espuma y eso pasaba antes cuando era chiquito pero como ahora tengo once años y además de mi casa salí bien temprano puedo lo más tranquilo ir recordando la rendición de los indios apaches mientras subo esta cuesta de la que ayer me bajé y ahora la vuelvo a subir porque anoche mi tío Parmeño me contó que hoy puede ser día de crecida y me dijo que eso puede pasar porque todos los años y justo en este día de marzo el príncipe antiguo sale de expedición con la gente que forma su ejército y cuando está alejándose de su pueblo de piedra que se encuentra a un día de distancia de este cerro empinado se quiebra el camino y muere al caerse por el despeñadero mortal y es ahí cuando su princesa al saber la noticia corre al triste lugar donde su esposo ha caído y sentándose en el suelo de paja se pone a llorar su desgracia cantando la canción que dice lloraré hasta formar un río de llanto y es ahí cuando el Huacarmayo se aprovecha para nacer de las lágrimas de la princesa Mamayatay y de acuerdo a la cantidad de pena que ella tiene para pasar su tiempo llorando el Huacarmayo se vuelve río dos o cuarenta días al año y baja todo furioso y crecido por un costado del pueblo y es por ese motivo que ahora yo subo esta cuesta pero no a ver ni a oír el llanto de la princesa ya que sólo se puede escuchar lo que llora cuando mi tío Parmeño me cuenta esa leyenda tan triste sino a esperar que el Huacarmayo baje con cólera para llevarse la casa grande del viejo don Oscar y es que esa casa es la única que se olvidó de llevar cuando arrastró el año pasado las últimas casas que habían cerca a su orilla y también la cancha de fútbol donde yo jugaba de Lolo Fernández y la destrucción de las casas y de la cancha de fútbol no fueron las únicas malas hazañas que hizo este río sino que según dice la gente más antes se llevó también animales y chacras y otras cosas más que no sé porque recién hace cinco años que llegué a este pueblo y en ese tiempo pasado no sabía que este cauce seco y lleno de piedras se llamaba río como ahora lo sé y lo que sí puedo decir es que la casa del viejo don Oscar no se la llevó porque la estoy mirando ahorita y él encuentra muy orgulloso de eso porque dice que hasta el río respeta a la autoridad y es que según me contó mi tío Parmeño el viejo don Oscar es el gobernador del pueblo desde que empezó a usar bigotes y hasta ahora y me dijo que el viejo siempre sale elegido porque tiene más plata que todos y además un lindo caballo de paso que saca a lucirlo en los desfiles de carnaval y el viejo sólo saca ese uno porque es el único que le quedó desde que se le murieron los otros caballos que tuvo y eso le sucedió en la fiesta de San Miguel cuando un cohete cayó al techo de paja de su galpón y lo quemó facilito y después de hacer eso el cohete bajó a la puerta de entrada y la cerró con la candela que hizo para que nadie pueda entrar ni los caballos que estaban dentro del galpón pudieran salvarse del fuego y luego el cohete se convirtió en incendio y se puso a quemar con una paciencia de más de dos horas a los pobres caballos menos a ese caballo que se salvó de milagro pero en verdad no fue el mismo milagro el que lo sacó de la candela sino la tierra y el agua y los insultos que estuvo echando la gente del pueblo para apagar el incendio y cuando al fin se apagó hubo un silencio y una tranquilidad que todos aprovecharon para tener pena por la muerte de los pobres caballos y también para ponerse a comentar que el cohete provocó esa desgracia para que el viejo comprenda y deje de estar haciendo daño a la gente y como el viejo no había escuchado los comentarios que hacían no comprendió eso sino lo único que hizo fue decir que todo sucedió por el descuido del negro que tenía que haber estado cuidando el galpón y ahí mismo ordenó a dos peones que salieran a buscarlo y una vez que lo hallaron le pegaron bien duro para que así aprenda a no ser descuidado en otra vez que un cohete caiga al techo de paja del galpón con la mala intención de dejarle a don Oscar con un solo caballo y después de darle una tunda le encerraron en la cárcel para cuatro personas que hay en el pueblo y que don Oscar mandó construir según dijo para que este pueblo tenga su cárcel y esté a la altura de otros pueblos más grandes y después que Simón estuvo bien encerrado el viejo lo hacía sacar cada dos días para que lo golpeen de nuevo y era por eso que mi mamá tenía que esperar que lo vuelvan a meter en la cárcel para curarle sus heridas y llevarle comida y también para charlar bastante con él y fue en la quinta charla cuando Simón le dijo a mi mamá que en los veinte años que venía trabajando para el viejo ganando unos cuantos centavos recién se enteraba de que aparte de trabajar en su hacienda tenía también que cuidarle el galpón y eso que dijo fue la última pena que le contó a mi mamá porque al día siguiente cuando el viejo don Oscar fue a la cárcel para alegrarse de la desgracia del pobre Simón el cuidador le dijo que la cárcel estaba vacía y que al negro se lo había tragado la tierra y aunque eso fue lo que don Oscar y su gente dijeron por todos los sitios Simón apareció dos días después por el agua a un kilómetro del pueblo y tirado en la orilla del río Huertas y al saber eso todos fuimos a verlo y también don Oscar y su caporal quien se quedó largo rato mirándole al muerto y luego dijo seguro que este hombre se metió en el río sin saber nadar y se ahogó y cuando escuchó eso toda la gente con los ojos le dijo a don Oscar que tendría que ser muy cojudo el hombre que se escape de una cárcel sólo para irse a ahogar en el río y don Oscar al sentir lo que le decían más de cincuenta pares de ojos sólo miró más allá como si deseara que el muerto estuviese más lejos y dijo que en ese momento se iba a traer a las autoridades de la provincia para que investiguen el caso y por detrás de las palabras que él dijo todos nos fuimos a casa menos los dos hombres que el viejo dejó vigilando para que se descuiden del muerto porque cuando el viejo y las autoridades volvieron Simón ya no estaba en el río y al día siguiente que desapareció como por arte de magia todos se olvidaron de él menos yo ni mi mamá que iba diciendo que Simón era el único que pudo haberla sacado de la mala herencia que mi bisabuela le dejó a mi abuela y mi abuela a mi mamá y mi mamá a mi hermana Sofía que vive sola con sus dos hijitas en medio de Lima y esa mala herencia era la de ser mujeres con hijos sin padre y al escuchar eso y el hipo con sentimiento que ella daba al llorar me entró una cólera que me hizo hablar palabras mal educadas contra el viejo don Oscar y al oírme hablar en esa forma furiosa mi mamá me hizo callar poniéndome en la boca dos de los dedos tristes que ella tiene y luego movió su cabeza y en el movimiento de su cabeza yo entendí que me estaba diciendo aunque sabemos la maldad que hizo ese viejo nada se saca ahora hablando su mal y yo la hice caso pero sólo por fuera porque por dentro seguí hablando con fuerza palabras mal educadas contra el viejo don Oscar y es por ese motivo que no siento ni una pizca de pena al pasar frente al galpón quemado que se encuentra como a trescientos metros de la casa grande del viejo y lo que sí podría sentir es miedo si estuviera subiendo de noche y es que según cuenta la gente cuando es la noche de San Miguel y revienta un cohete por el lado donde está el galpón éste se vuelve a incendiar y a quemarse de nuevo los pobres caballos quienes relinchan hasta que se ponen de punta los pelos de la gente que tiene el valor de mirarlo para sentir miedo pero como ahora no estamos en la fiesta de San Miguel y además como está haciendo un buen sol subo tranquilo esta cuesta a esperar que baje el Monstruo y es que así le llaman al Huacarmayo cuando baja con cólera trayendo mucho agua y lodo y piedras también porque las piedras le sirven para empujar las casas que ablandó con el agua y eso es lo que el Monstruo hizo el año pasado con las casas que habían cerca a su orilla menos con la casota del viejo ni con la chocita que está en esta segunda loma llena de espinosos huarangos y debe ser porque el Monstruo sabe que allí vive muy solo y triste un viejito que se llama Telo Reymozo y él vive ahí desde que la enfermedad le dejó más pobre que nuestra pobreza y eso le pasó porque a él le hicieron el daño para que esté bebiendo todos los días y pase su vida sentado en la puerta de la destilería del viejo don Oscar esperando que le den su botella de aguardiente para beber y durante años el pobre don Telo vivió así y sólo pudo librarse del mal cuando don Oscar terminó de cambiarle por licor la última casa que tuvo y fue la miseria en la que se quedó la que lo hizo subir a esta chocita donde vive ahora sin tener nada ni a nadie y sólo esperando que llegue la muerte para que pueda morir y todo eso le pasó porque a él le dieron por la boca el bocado del mal una de las cinco queridas que tiene don Oscar y ellas son Pancharusa y la Cheraca y la flaca Paulina y doña Juana y dicen que Evita también porque con ella serían cinco que es el número de queridas que la gente dice que tiene don Oscar pero yo no creo que haya sido Evita la que le dio el bocado del mal a don Telo porque ella es muy linda y muy buena con todos y más todavía conmigo porque me regala dulces y me saluda en la calle cerrándome los ojos y cuando no los cierra para saludarme me dice dichosos mis ojos que te ven o me dice también hola simpático y ella es tan buena conmigo que el otro día me hizo entrar a su cuarto y allí con gran cariño me dijo vas a aprender una cosa que te va a servir de joven y diciéndome eso se puso a canturrear y a quitarse una a una su ropa y cuando estaba por sacarse de la otra pierna la trusita de color rojo me dijo tiene que jurarme que lo que va a suceder aquí no se lo vas a contar a nadie y yo entonces levanté una mano con la palma abierta porque en ese momento me acordé de cómo hizo don Lucio cuando juró en una asamblea y le dije sí juro y cuando dijo eso ella se rió echando la cabeza hacia atrás y me dijo eres un hijito y varias veces me besó en la boca con unos picotazos bien suaves y después de besarme y de quitarme toda mi ropa y de hacerme varias cosas más para que se despierte el gusano como ella dijo me pidió que subiera a la cama a cubrirla y después que yo la cubrí ella dijo arrancó el trencito y se puso a moverse y a hacer un ruido igual a esa máquina y al rato que estuvo haciendo eso se puso bien seria y me dijo haz como si avanzaras nadando pero sin mover los brazos y yo me puse largo rato a nadar sin tener el río bajo mi cintura hasta que al último ella sonrió con una alegría cansada y me dijo levántate porque terminó el viaje y ahora que me acuerdo de esas cosas tan buenas que hice con Evita y que me van a servir después cuando llegue a ser joven es que no creo que haya sido ella la que le dio a don Telo el bocado del mal sino que lo más seguro es que fue el mismo don Oscar que anda buscando pretextos para quedarse con las casas de los vivos y también de los muertos y es que en una fecha esa maldad le hizo a Joram Coronado y resulta que eran cinco días que él había muerto y la gente estaba acompañándolo en su segundo velorio porque dicen que a los cinco días el muerto despierta de la muerte y se pregunta ¿así que yo había muerto no? y después de decirse eso se siente muy solo y por primera vez extraña de verdad a la vida y a los amigos de toda su vida y es ahí cuando el finado mira desde arriba hacia el mundo y si ve que la gente está en su segundo velorio sabe recién que lo quisieron en vida y se consuela de estar muerto al ver que sus amigos siguen estando de su lado y esa noche todo estaba yendo de lo más bien en el segundo velorio de Joram cuando se presenta el viejo don Oscar con dos de sus peones forzudos y después de echar a los que estaban conversando y tomando y llenando con humo de cigarrillos el cuarto cerró con un candado la puerta diciendo que esa casa pasaba a ser suya porque Joram la había perdido en una pelea de gallos que tuvo con él y fue ahí cuando a todos nos enfrío la sorpresa porque Joram nunca jugaba a nada y era muy religioso y sólo se dedicaba a caminar con su Biblia y a gritar ¡aleluya! en su iglesia y por lo que pasó esa noche es que yo creo que fue el mismo viejo el que vio la forma de darle a don Telo el bocado del mal y por todo eso y por otros problemas más que suceden es que de vez en cuando hay un día en que yo recuerdo con cólera esas cosas injustas y como uno de esos días es ahora también es que sigo subiendo la cuesta a esperar la llegada del Monstruo porque no falta mucho para alcanzar la cumbre en donde voy a sentarme a esperar que baje el Monstruo en la hora justa en que debe bajar y es que dentro de poco serán las nueve de la mañana y a esa hora es cuando don Oscar sale al corral con la bolsa de maíz para darles de comer a sus gallos y ese trabajo lo hace él ahora porque ya no estoy yo para obedecerlo en los varios mandados que me ordenaba hacer cuando entré a trabajar en su casa y dos de los varios mandados que hacía era uno dar de comer a los gallos y el otro sacarlos de las jaulas para que hagan sus ejercicios y así no se cansen mucho cuando entren a ganar dinero para don Oscar peleando con otros gallos en las canchas de Huánuco y a medida que sacaba a los gallos los iba tirando hacia arriba para que aprendan a patear saltando bien alto y para que no sufran de mareos al pelear en círculo los hacía pasar entre mis piernas abiertas para que hagan el número ocho y cuando los gallos empezaban a tambalear borrachos del ejercicio les ponía en la pata el lazo que amarraba en cada una de las estacas del suelo y que tenían que estar separadas por un lejos de más de dos metros porque estos animales andan siempre con ganas de pelear y son peores que los tigres que sólo pelean cuando se encuentran con Tarzán en la selva y sólo cuando están lejos el uno del otro tranquilizan su cólera y se echan a tomar su solcito con las alas abiertas y ahí resulta que un día al agarrar al gallo negro que es el más pendejo de todos los gallos que tiene don Oscar me acordé de Simón y de mi hermano Carlitos que es negrito también y de las cosas chistosas que dice su boca y que me hacen quererlo todos los días y más todavía a la hora del desayuno porque apenas termina de comer lo poco que nos da mi mamá viene donde mí y me dice ya estoy gordo o se frota la manito por el estómago para decirme ya estoy gordo con ese ademán silencioso y pensando en mi hermano me acordé del cariño que Simón le tenía a Carlitos y entonces al sentir con fuerza las plumas negras del animalito en mis manos le dije al gallo tú eres Simón y lo llevé a hacerlo carear con el gallo engreído del viejo y le encendí el lío diciéndole a ese ajiseco a ver pégale al negro si eres muy macho y cuando le dije eso al gallo que ahora le llaman “El tuerto” éste se lanzó contra el negro con una furia que le hizo sentir miedo a uno de los peones que vino a ver la pelea pero no a mí porque yo me eché de barriga al suelo y me puse una pajita en los dientes para mirar lo más alegre a los gallos que peleaban con odio hasta que el negro le bañó al ajiseco de sangre y de un espuelazo le sacó el ojo derecho y en el momento justo en que yo estaba diciéndome quién iba a pensar que el ojo de los gallos es igualito a una canica el viejo llegó y me armó un escándalo y al ver eso me alejé hacia atrás para que me lleguen más suaves los insultos que contra mí él decía y desde ese lejos le grité ¡y por último quién le manda a sus animales ser gallos de pelea! y después de decirle eso salí a la calle y me fui a terminar la mañana y cuando volví a mi casa encontré que los dos baúles y el catre donde duerme mi mamá con mi hermano Carlitos y las mesas y las sillas y mi tarima de mí y la de Hugo y las otras cositas más que tenemos estaban en la calle porque don Oscar nos había echado del cuartito que mi mamá le pagaba lavando la ropa de él y de su esposa y fue por ese motivo que nos tuvimos que ir a vivir en la casa de mi tío Parmeño y desde ese día yo dejé para siempre de ir a trabajar para el viejo y también de saludarle en la calle diciéndole buenos días don Oscar y no papá porque él eso era de mí y esa novedad me la contó mi mamá una tarde y me dijo que no se la contase a nadie porque nadie lo sabe ni siquiera don Oscar porque hacía tanto tiempo que olvidó que yo era su hijo que ya tampoco él lo sabía y me dijo también que el motivo por el cual nos vinimos de Huánuco a este pueblo no fue para cambiar de ambiente como acostumbraba decir sino para buscar el apoyo de ese hombre y así escapar de la pobreza pero ahora ella sabía que la pobreza corre más ligero que los pobres y hablaba de esa manera porque si es que nos íbamos de acá ya la pobreza nos estaría esperando en la entrada del otro pueblo adonde nosotros recién estaríamos por llegar con nuestros bultos pesados y me dijo que todo eso le llegaba a su boca porque ni don Oscar ni tampoco los otros no le iban a dar nunca el mendrugo de ayuda que le estaban debiendo a sus hijos y era por ello que tendríamos que seguir siendo los pobres y sólo conocer el miedo y eso que la escuché decir al último es cierto porque apenas ella tiene uno o dos pocos de dinero en la mano lo primero que piensa es que se le puede perder o que alguien se lo puede robar y nunca se siente segura ni alegre como toda la gente que tiene dinero en la mano y seguro que para recuperar por adelantado el dinero que se le puede perder o que alguien se lo puede robar ella tiene que coser más que antes pero lo que cose sólo le deja unos cuantos centavos después que doña Idida le cobra por el cansancio de la maquinita de mano que le alquila y como desde que llegamos a este pueblo mi mamá trabajaba mucho para que nunca le alcance el dinero mi hermano Hugo y yo teníamos que salir diariamente a pescar de todo y es que cuando uno va a pescar no puede decir voy a pescar puro trucha porque salen bagres y truchas y cachuelos también y siempre íbamos los dos porque mi hermano era el que iba tirando la red en el río y yo el que iba recogiendo en un viejo cenacho los pescados grandes que él arrojaba de su red a la orilla y sólo recogía los grandes porque cuando mi hermano hallaba en su red algunos chiquitos los echaba al río diciéndoles vayan a buscar a su mamá y los grandes eran los únicos pescados que llevábamos a vender después de separar para el almuerzo algunos y esas ventas pasaban cuando era verano porque en invierno el río cargaba bastante y los peces no andaban con mucho ánimo de entrar en la red y entonces la pasábamos mal pero fue a partir del percance que le sucedió a mi hermano cuando la vida se volvió peor y resulta que era invierno y las once de la noche en el mismo momento en que Hugo caminaba por detrás de la casa del Brazo Derecho del viejo don Oscar cuando le sale al encuentro el perrazo que tiene ese hombre y después de morderle a mi hermano empezó con ladridos a llamar a su dueño para que salga a cogerlo y lo haga encerrar en la cárcel porque según dijo después ese hombre que él le había encontrado a Hugo robándole un par de gallinas y por ese problema mi mamá al día siguiente pasó su cumpleaños sufriendo y otros dos días también porque recién al tercer día le dejaron a Hugo salir y después que salió de la cárcel cada vez que se le perdía algo a la gente lo primero que hacía era venir derechito a buscarlo en la casa que nos dio a cuidar mi tío Parmeño y por ese motivo fue que Hugo nos dejó para irse a trabajar en un pueblo olvidado y lejano porque sus cartas son tristes y nos llegan cada tres meses y desde que Hugo se fue de la casa iba yo solo a pescar pero como los peces nunca me habían visto pescando en el río Huertas no querían entrar por más que me pasaba toda la mañana metiendo mi atarraya y ahí resulta que una mañana en que estaba volviendo con mi atarraya vacía busqué al perro que tuvo la culpa para que mi hermano no estuviera pescando conmigo y al encontrarlo cogí una piedra y la eché un soplido para que la piedra volara con fuerza y con más puntería y aunque el perro ese día estaba bien lejos de mí la piedra cayó justo en el lugar que había apuntado y desde esa vez yo tomé la costumbre de ir a diario al río Huertas y sólo para que al regresar con mi atarraya vacía me acuerde de la maldad que hizo ese perro y le tire con puntería una piedra soplada y hasta que un día en que calculé que mi hermano había sido bien vengado dejé de ir al río y sólo me dediqué a subir a los árboles a coger frutas que sólo sirven para comer y es que las frutas que da este pueblo no se las puede vender a nadie porque aquí todos tienen sus huertas y por tener sus huertas ellos dicen que tienen vida propia menos nosotros que somos extraños y no tenemos ni chacra ni huerta y nuestra vida es ajena porque mi mamá cose y lava ropa de la gente ajena o prepara comida para que lo compren y lo coman más la gente ajena y cuando no tiene dinero para pasar el día ella sale al campo y se arrodilla para pedirle al cielo celeste que haga lo posible para que nuestra vida sea propia igual que de otros y un día de esos en que no había ropa para coser ni para lavar ni comida para vender apareció en el Palo de los Avisos que hay en la entrada del pueblo un cartel donde decía Gricelio necesita dos ayudantes de cocina para el albergue y el albergue es la escuela a donde vienen en abril los chicos de Cochatama y de Viroy y de Mauca y de otros pueblos para que les den de estudiar y de comer y también de dormir y resulta que cuando mi mamá supo lo del aviso fue donde Gricelio a decirle si podía darle trabajo y Gricelio le dijo que volviese otro día porque lo iba a pensar y mi mamá tenía que ir todos los días a escuchar la misma respuesta y una tarde en que fue de nuevo al albergue encontró a Gricelio que seguía pensando si podía darle o no el trabajo y a los dos ayudantes que estaban trabajando completos y ahí entonces mi mamá le reclamó y cuando terminó de decirle los varios por qué que ella le dijo Gricelio la miró con esos ojos verdes y malos que él tiene y le dijo que no le había dado el trabajo porque lo que ella quería era sólo dar de comer gratis a sus hijos de todo color y entonces mi mamá me acercó a su lado para decirle a Gricelio que él no tenía por qué remover las cenizas de su triste pasado y durante un rato más le dijo otras cosas que me simpatizaron tanto que le ayudé a insultar diciéndole a Gricelio unas palabras bien feas pero que al oírlas me sonaron bonito y por esas cosas que estoy recordando ahora y por otras peores que hace el viejo don Oscar es que estoy sentado en la cumbre de este cerro esperando que baje el Monstruo y ya debe estar por bajar porque están empezando a sonar los truenos y a reventar los rayos como el látigo vengador de Zorro y esa es una buena señal que me dice que debo poner la oreja en el suelo como hacen los indios apaches para oír si va acercándose el Monstruo y debe estar ya muy cerca porque siento un ruido de mil caballos que vienen hacia mí galopando y me levanto para ponerme en un sitio seguro porque el Monstruo bajo furioso en este momento en que no hay ni una sola persona del pueblo para que avise a los otros del tremendo peligro que corren y es que en los años pasados cuando el Monstruo bajaba uno del pueblo desde la cumbre decía ¡el ríooo! al hombre que se encontraba más abajo y ése ¡el ríooo! al que estaba más abajo y así iban estirando las palabras ¡el ríooo! para que sus gritos lleguen hasta el mismo poblado y la gente escape a las partes altas dejando sólo sus cosas que no son de mover y eso que me contaron pasaría antes pero ahora no será así porque estoy yo solito en esta cumbre sin ningún deseo de avisar a gritos sobre el peligro que lleva en sus aguas el río y viendo de lo más contento cómo el Huacarmayo baja desbordando su cauce para llevarse el tupido arcabuco y dejar sólo los saúcos que dan unas uvillas que oscurecen el hígado cuando uno las come pero no a los zorzales porque a ellos les alimenta y les sirve también para que aclaren su voz al cantar y el Monstruo después de llevarse las malezas y los árboles que no producen uvillas para los zorzales cantores sigue bajando con fuerza y cuando está bien abajo se lleva el galpón que el viejo dejó quemado para que según sus falsas palabras la gente se acuerde de la desgracia que le pasó por el olvido de un mal cuidador y después de llevarse el galpón el Monstruo se acerca con odio a la casota del viejo que en este momento tiene que estar dando maíz a sus gallos y luego se parte en dos para empujar las dos columnas redondas que tiene esa casa y se mete adentro sin tocar la puerta con temor como lo hace la gente del pueblo y derriba la casota como si fuera una casita de azúcar y junto con la casota ¡qué se lleve también a don Oscar! porque él más que nadie es el que echa a perder a este pueblo que en las mañanitas huele al rico olor del café tostado que la gente prepara para tomar su café y en las tardes a naranjas o a chirimoyas o a limas y eso depende del mes en que uno esté andando por los distintos sitios con huerta que tiene este pueblo y el Monstruo con todo don Oscar se mete al pueblo para llevarse al Brazo Derecho del viejo y dos cuadras más abajo a la bruja Ranrana que echa agua hirviendo a todos los perritos que pasan hambrientos y huérfanos por la puerta de su casa siniestra y sigue bajando para llevarse al cruel que por pura maldad tumbó con su hacha a un chirimoyo silvestre que alimentaba a varios chicos sin padre y más allá se lleva al usurero culpable de que los pobres del pueblo sean más tristes y el Monstruo sigue bajando y se acerca a la cárcel y la levanta con sus gigantes manos de agua y lo tira contra las piedras de la orilla y cuando ve que la cárcel está rota en cuatro pedazos se dirige al albergue y se mete en la cocina y voltea las ollas donde preparan el caldo de papas y el guiso de arroz con frijoles podridos que son los únicos platos que casi todos los días prepara Gricelio porque dice que no le alcanza la plata que le dan ni los carneritos que los chicos traen arreando desde sus pueblos en el primer día de abril para que se alimenten con ellos durante el tiempo que dura el estudio y el Monstruo después de tumbar la cocina sale del albergue y se dirige a la entrada del pueblo y derriba el Palo de los Avisos que sigue anunciando Gricelio necesita dos ayudantes de cocina para el albergue y luego sigue bajando más todavía y en el sitio que se encuentra en el último abajo del pueblo el Monstruo o Huacarmayo o Río de Llanto como también le dice la gente hace una lagunita y se duerme dejando sanitas a todas las casas restantes justo en este momento en que empieza a caer una lluvia menuda y yo esperaré que la lluvia me moje y cuando el frío que tenga me haga doler todo el cuerpo de este cerro bien alto donde me encuentro sentado recién bajaré al pueblo libre de toda esa gente que lo estaba haciendo sufrir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;                                              Del libro Malos tiempos, Ed. San Marcos,&lt;br /&gt;                                                           tercera edición (pags. 49-67) &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-115080904415450425?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/115080904415450425/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=115080904415450425&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115080904415450425'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115080904415450425'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/06/da-de-crecida.html' title='DÍA DE CRECIDA'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-115064918689062417</id><published>2006-06-18T09:43:00.000-07:00</published><updated>2006-06-18T09:49:57.526-07:00</updated><title type='text'>DÉJALA IR CRIOLLITA</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Te explico sobre el brillante porvenir que Mestiza quiere poner al alcance de tu hija, y en vez de alegrarte o de decirle a tu amigo que se encuentra contigo después de diez años: gracias, Tacho, por traerme esa grata noticia, me respondes que debo tener las pelotas de este tamaño para venir con toda la pachocha a hacerte una proposición de esa índole; que Mestiza debe haber perdido la chaveta para creer que por el simple hecho de que tu hija se llame Crisálida, vas a dejar que la convierta en una de esas mariposas nocturnas que recluta para sus canacas donde oficia de madama; y encima de eso, como si estuvieras nadando en la abundancia, me pides que le devuelva a Mestiza los billetes grandes que te envía en prueba de afecto y que le aconseje con las palabras más tiernas para que haga con ellos un precioso rollito y se los meta en el culo, pues debe saber que tu hija no está en venta para que pretenda comprarla, sino que se encuentra sirviendo a su madre que sudó el quilo para hacerla llegar indemne a esa edad seductora; y es que la hermosa Crisálida es un lirio que florece en el verdegal de la inocencia y se conserva tal como vino al mundo. Eso me respondes, y acompañas la faramalla con una escandalera mayúscula para hacerme comer crudo el cuento de la novicia que está haciendo voto de castidad en su hogar respetable; como si no fuera de dominio público que este cuchitril no es más que un bulincito casero de mujer sola y que a la ingenua Crisálida lo único que le falta es echarse dispuesta en la cama donde su pobre madre trabaja sacrificadamente, desnuda y con un empujante encima.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo eso lo sé, Criollita, por eso no me hacen ninguna impresión tus chillidos de gata ni las macanas que dices. Lo que me saca de quicio es que te emperres en negarte al progreso de tu hija, que en lugar de estar entregándose a todos los gallos del barrio sin recibir ni las gracias, debería estar sacándole provecho a su belleza en un sitio donde sepan pagarle a peso de oro la suerte de tenerla en sus brazos. Esa y no otra es la posición de categoría que le corresponde a Crisálida. Pero resulta que su biliosa madre se opone a que ella cambie a ese estilo de vida con el fin de guardarla para esos ganapanes que conforman su clientela y que andan pidiéndole a lágrima viva para que se anime de una vez a meterla en el oficio. Y antes que esa sirena blanca y de ojos garzos se venda a precio de oferta, Mestiza quiere enderezarle el destino sacándola de esta barraca de tablas para ponerla a trabajar en una de las cuarenta habitaciones de lujo del amplio local que vamos a inaugurar en breves días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya te dije que es un hermoso chalet de dos plantas, situado a pocos kilómetros de la ciudad, en un lugar apacible y rodeado de áreas verdes que le dan el aspecto de una inocente casa de campo. A más de su discreta ubicación, de las comodidades que posee y que ya te enumeré en un comienzo, el chalet cuenta también con un jardín interior abierto a los vientos, adonde Crisálida podrá salir en sus ratos de ocio a respirar aire puro y a formular deseos de amor cuando vea por el cielo cruzar a los astros errantes; porque siquiera a eso tiene derecho esa muchacha con grandes condiciones para la vida alegre de clase alta, como dice Mestiza; y se ha expresado así, porque ella no te está pidiendo a tu hija para meterla en un callejón hediondo donde tendría que esperar a sus clientes, parada en la puerta del cuarto y mostrando la coroncha, sino para instalarla a toda bombolla en un lugar exclusivo, donde será elegida mediante el álbum de fotografías que pondremos a disposición de los habitúes en la sala de espera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya te manifesté asimismo que Mestiza le va entregar a Crisálida un aposento decorado en azul y equipado con mobiliario completo, en el que destaca el elegante tocador con su espejo cuadrilongo, donde ella podrá mirarse a gusto su hermosa grupa de potranca y esas tetas espléndidas que sacará en breve tiempo, y nada más que de resultas del trabajo sencillo y reposado que va a desempeñar, con un horario que empieza en el crepúsculo y culmina en la medianoche, pues esa mujer magnánima que se llama Mestiza ha decidido que el local no cuente con bailadero para que las muchachas no tengan que estar trasnochando ni bebiendo licor antes de tener la edad suficiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aparte de esas gangas que serían lo bastante atractivas para convencer a otra madre que no fuera tan dura de oídos, en nuestra casa tu hija tendrá la singular ocasión de refinar sus modales y de adquirir cultura, ya que allá va codearse con niñas extranjeras y que han visto mundo, las que se encargarán de instruirla en el trato de gentes y de paso le contarán en largos capítulos de sus viajes por tierras donde el sol es eterno para hacerla soñar despierta con paisajes exóticos y ciudades blancas erigidas al borde del mar. Y he dicho niñas, porque conforme te manifesté hace media hora, nuestra casa no albergará a momias ambulantes ni a ninguna vulgar trotacalles, sino únicamente a ninfas sabrosas y de carnes pétreas, entre las cuales la más veterana tendrá veinte años lozanos y llenos de un candor que empezarán a perderlo apenas las pongamos de alumnas de una experta en asuntos de alcoba, quien, en estrecha colaboración con un macho insaciable, se encargará durante siete noches en darles lecciones prácticas para afinarles las posturas en las diferentes variantes que existen para hacer el amor; para que así los clientes que se refocilen con ellas, se vayan felices, saltando como monos del gusto de haber estado con una hembra que domina todas las movidas por el revés y el derecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y con la numerosa clientela que llegará atraída por la fama de paraíso eró-tico que ganará prontamente el negocio, la profesión le será tan rentable a tu hija, que después de pagar su alimentación, el alquiler diario del cuarto, el desgaste por uso frecuente en el esmaltado del bidé y las lentas quebraduras que va a ocasionar con sus meneos en la armadura del lecho; su cuota de sacrificio para pagar el generoso silencio del señor prefecto y el ramo de orquídeas que se remitiremos mensualmente a su digna esposa; la parte proporcional que le toca en el consumo de luz de los catorce faroles coloniales que iluminan la fachada y el ámbito interno; en el salario de la mujer de la limpieza y del mandadero, y en otros gastos corrientes que se me olvidan, a Crisálida le sobrará tanto dinero que podrá jubilarse en dos años, es decir, cuando tenga diecinueve años radiantes y tan levemente usados, que podrá reintegrarse a sus ilusiones de adolescente sin ningún cargo de conciencia que le haga perder el sueño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y no sólo eso, Criollita, sino que mucho más antes que piense en su voluntario retiro, le puede caer de suerte un machucho dueño de bienes raíces y de un corazón permeable al amor que la podría sacar del negocio para llevarla por uno de los treinta y dos rumbos en que se divide el horizonte de la felicidad. Y ni siquiera con la imaginación más afiebrada lograrías adivinar la vida muelle que el propietario le daría a tu hija. Sin embargo, si no te cautiva la idea de verla casada con un vejete por más que sea jarifo, puedes ejercer tu derecho de madre y obligarla a que continúe en el sitio, para que con ese largo de uñas que tienes, le birles una parte de los ingresos y le cobres así el dolor del parto y las canas verdes que te causó su crianza. Y con el rico dinero que te traerá semanalmente la propia Crisálida, puedes abrir una tienda de géneros o un negocio de ultramarinos en el que te dedicarías a vender caro los matutes que traen al puerto los barcos que llegan de países remotos. Y en pocos meses te convertirías en una tendera próspera, a quien su holgada posición económica le permitiría vestirse sólo con trajes de seda joyante y adornarse con alhajas de alto coste, que andaría por la calle con el cuello tieso y sin responder a nadie el saludo, ni siquiera al culpable de tu fortuna, Criollita sobrada, que te llamaría con cariño por tu nombre de pila: ¡adiós, Diodola, amiguita del alma!, para que te apiades de mí y me regales una sonrisa, pero tú ni la tos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ya ves, Criollita, recién cuando te doy razones de conveniencia dejas de fruncir el ceño y muestras en tu rostro una expresión amigable. Sólo que ahora me das la callada por respuesta, porque sigues haciendo girar en tu cabeza la idea de que somos unos roba chicos que tienen la negra intención de quitártela para siempre a Crisálida. Te equivocas. Mestiza sólo quiere que se la alquiles de lunes a sábado. Los domingos por la mañana te la vamos a devolver más inocente que cuando la sacamos de este lugar, porque volverá puesta sus zapatitos de día festivo, sus calcetas blancas con dobladillo y sus trapitos de cristianar, para que nadie diga que está retornando del Vergel del Amor, como se llamará el local que Mestiza inaugura el primero de abril, sino de oír misa en el internado para señoritas donde la pobre muchacha estuvo toda la semana entregada al estudio. Porque tú misma te encargarás de hacer correr la noticia de que tu hija se encuentra estudiando en un colegio de religiosas, para que las acusicas que viven en este barrio de malandrines, echen flores al hablar de ti, Criollita, por ser una madre abnegada que se entrega a tres o cinco estibadores por noche con el noble fin de costear la instrucción de su hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;O sea que aparte de ganar mucho billete hasta vas a pasar por mujer ejemplar ante los ojos asombrados de tus vecinos. Pero más que por el prestigio o por esa hambre canina que sientes por el dinero, debes acceder porque estás en la obligación moral de impedir que Crisálida cometa tus mismos errores. Empezaste a callejear con Mestiza, y mientras ella supo explotar con sentido comercial sus encantos y ahorró lo suficiente para abrir tres lujosos moteles, tú abandonaste por largos años el oficio para amancebarte con un caballero de industria que después de llevarte a la rastra por las calles de la amargura, se fue dejándote de recuerdo a esa criatura adorable y una historia tan negra con la que se podría escribir un drama para hacer llorar a la gente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora ya ni suspires, Criollita, porque es muy tarde para remediar todo lo que ha pasado, como dice aquel bolero nostálgico. Lo que puedes todavía recuperar es una parte de los morlacos que tu marido Natalio Sanatás te hizo perder durante siete años con sólo realizar el sencillo encargo que te pedimos. Y ni siquiera te vas a agotar con el esfuerzo, pues lo único que tienes que hacer es sentarla a Crisálida en tu regazo y recordarle que ya tiene diecisiete años y es necesario que se busque un destino para que pueda pagarse el condumio y las pilchas que usa; pero como da la mala casualidad que no hay empleos porque el país está jodido por la crisis económica, una amiga tuya que la conoce de vista y se ha quedado prendada de su belleza, desea darle la oportunidad de contar con un trabajo fijo y muy lucrativo en el elegante motel que posee al norte de la ciudad. Y vas a ver que esa muchacha avisada como una lagartija, apenas termine de escuchar las utilidades que obtendrá en el oficio, va aceptar sin más ni más la propuesta y hasta se sentirá orgullosa de ti por haberla traído al mundo, guapa y con tan buena estrella.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Te dije o no que ibas a realizar una comisión simple y de lo más placentera? Por eso no debes rechazar el sabio consejo de este trujamán que exponiendo su vida viene de noche aquí, a los temibles barracones del puerto, a ofrecerte dinero contante y sonante para que dejes de seguir empujando como un escarabajo pelotero el cagajón de una existencia que sólo inspira tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de esta prueba de amistad leal que te doy, ¿sigues todavía dudando del hombre que te protegió con amor cuando trabajabas en El Botecito con el elegante seudónimo de Arria Marcela? ¿Ya no, verdad Criollita? Entonces dame una dulce sonrisa para saber si te encuentras con ese natural alegre y despreocupado de la morocha que conocí hace veinticinco años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eso es, así me gusta que me indiques con una sonrisa que estás dispuesta a conversar con más tranquilidad y detalle sobre el brillante futuro que le espera a tu hija.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#990000;"&gt;Del libro Malos tiempos , Ed. San Marcos,&lt;br /&gt;tercera edición (pags. 37-45)&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-115064918689062417?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/115064918689062417/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=115064918689062417&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115064918689062417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/115064918689062417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/06/djala-ir-criollita.html' title='DÉJALA IR CRIOLLITA'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-114524481185835960</id><published>2006-04-16T20:25:00.000-07:00</published><updated>2006-04-16T20:33:31.860-07:00</updated><title type='text'>El placer de leer</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/42-15485715.1.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/400/42-15485715.1.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/42-16273021.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/400/42-16273021.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/42-16022490.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/400/42-16022490.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/42-15475558.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/400/42-15475558.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-114524481185835960?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/114524481185835960/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=114524481185835960&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524481185835960'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524481185835960'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/04/el-placer-de-leer.html' title='El placer de leer'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-114515174998055391</id><published>2006-04-15T18:41:00.000-07:00</published><updated>2006-04-16T21:22:05.746-07:00</updated><title type='text'>Biografía</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;Samuel Cardich, nació en Huánuco, el 6 de febrero de 1947. Estudió primaria en escuelas fiscales de su localidad, ingresando al Colegio Nacional Leoncio Prado en 1959 a seguir educación secundaria, la misma que abandonó al año siguiente para laborar en diversos oficios.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Luego de culminar dichos estudios, ingresó a la Universidad Nacional Hermilio Valdizán, de la que egresó como licenciado en educación, en las áreas de literatura y filosofía. Años después trabajó como docente en las universidades Daniel Alcides Carrión (1987) y Hermilio Valdizán (1988-1995). Ocupó el cargo de director departamental de cultura entre los años 1997 y 2003, desplegando una significativa labor de difusión cultural y defensa del patrimonio nacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;Desde 1986 ha venido alternando la publicación de libros de poesía y narrativa. En 1987, su cuento Un ángel bajado del cielo fue adaptado por el grupo teatral Arlequín y presentado después al Reencuentro Internacional de Grupos de Teatro, que se realizó en la ciudad de Lima. Sus textos poéticos y narrativos han sido incluidos en varias antologías aparecidas en el Perú. Poemas suyos han sido traducidos al croata por Srecko Sic.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;Sobre el Autor&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&gt;&gt;&lt;/span&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;a href="http://cardich.blogspot.com/2006/04/aproximaciones-al-libro-el-pas-de-otra.html"&gt;&lt;strong&gt;Aproximaciones al libro "El país de otra gente"" de Samuel Cárdich desde la narratologia&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por: Fernando Carrasco Núñez. Fuente: Revista Literaria LETRA MUERTA N° 7 - Huanuco&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&gt;&gt;&lt;/span&gt; &lt;a href="http://cardich.blogspot.com/2006/04/la-madurez-potica-de-samuel-cardich.html"&gt;&lt;strong&gt;La Madurez Poética de Samuel Cardich&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por: Ricardo González Vigil. Fuente: El Comercio, 10/10/1999 &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&gt;&gt; &lt;/span&gt;&lt;a href="http://cardich.blogspot.com/2006/04/samuel-cardich-y-la-nueva-narrativa.html"&gt;&lt;strong&gt;Samuel Cardich y la nueva narrativa andina&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por: Manuel J. Baquerizo. Fuente: Revista Expresión Cultural. 3/15/1993&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&gt;&gt;&lt;/span&gt; &lt;a href="http://cardich.blogspot.com/2006/04/tres-historias-de-cardich.html"&gt;&lt;strong&gt;Tres Historias de Cardich&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por: Juan Alberto Osorio. Fuente: Revista Arteidea Nº 27&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&gt;&gt;&lt;/span&gt; &lt;a href="http://cardich.blogspot.com/2006/04/la-muerte-y-sus-alrededores-en-los.html"&gt;&lt;strong&gt;La muerte y sus alrededores en los cuentos de Samuel Cardich&lt;/strong&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por: Mario A. Malpartida Besada. Fuente: Diario Ahora, 10/12/2003&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-114515174998055391?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/114515174998055391/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=114515174998055391&amp;isPopup=true' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114515174998055391'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114515174998055391'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/04/biografa.html' title='Biografía'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-114524633685798832</id><published>2006-04-14T20:55:00.000-07:00</published><updated>2006-04-16T21:01:05.753-07:00</updated><title type='text'>Aproximaciones al libro "El país de otra gente" de Samuel Cárdich desde la narratología Fernando Carrasco Nuñez</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#999999;"&gt;Fuente: Revista Literaria LETRA MUERTA N° 7 - Huanuco&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Existe un consenso entre la crítica especializada al sostener que la literatura huanuqueña es una de las más importantes de las últimas décadas. Esto se debe a la valiosa obra literaria de Andrés Cloud, Samuel Cárdich y Mario Malpartida. Esta trilogía está acompañada de autores significativos como Virgilio López Calderón, Fabián Nieves, Miguel Rivera, Andrés Jara, entre otros. Además habría que resaltar también la presencia de un grupo de autores inéditos, quienes silenciosamente vienen gestando una obra de largo aliento como lo demuestra la reciente antología "Narrativa joven en Huánuco" y el Primer Concurso de Cuento organizado por la importante revista Letra Muerta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;El caso de Samuel Cárdich Ampudia (Huánuco, 1947) es trascendente en la medida que ha desarrollado con acierto tanto la poesía como la narrativa. En este breve ensayo hemos pergeñado un análisis crítico del libro El país de otra gente sobre la base de algunas categorías del estructuralismo francés. En el plano de la Historia analizaremos a los personajes, mientras que en el plano del Discurso resaltaremos algunos aspectos relacionados con los narradores, las estructuras y algunas relaciones de orden temporal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El título general como paratexto refracta de manera precisa el contenido de los siete cuentos que configuran el libro, pues sus personajes son seres signados por el desamor, la soledad o la muerte. El texto en su conjunto es el país imaginario de esa otra gente a quienes el amor y la felicidad les ha vuelto la espalda de manera irremediable. Como se puede percibir los siete cuentos que estructuran el libro están atravesados por el mismo hilo conductor no solo en el plano de la historia como estamos señalando, sino también en el plano del discurso como se verá más adelante. En este sentido el libro goza de unidad con lo que su autor acierta una vez más al presentarnos un ciclo cuentístico muy sugerente.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El crítico francés Greimas propone un modelo estructural-actancial para estudiar la función de los personajes del relato. Greimas habla de lugares actanciales los cuales pueden ser cubiertos por muy distintos actores o personajes. Sus seis actantes básicos se reparten en tres pares opuestos:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;1) Sujeto/Objeto (el sujeto desea un objeto)2) Destinador/Destinatario (el destinador ha destinado el objeto a un destinatario)3) Adyuvante/Oponente (el sujeto es ayudado por un adyuvante y obstaculizado por un oponente) (Greimas, 1971)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si aplicamos este modelo para analizar a los personajes del libro percibiremos con nitidez la función de los personajes dentro de la diégesis. Podemos adelantar que al final los protagonistas ven frustradas sus expectativas de alcanzar su objeto de deseo, a la manera de personajes ribeyrianos. Por ejemplo en el cuento Sábado por la tarde Juana Lía anhela adoptar una niña del orfanato e irse con ella y su marido, quien ha quedado ciego, a vivir a la selva. La mujer es el sujeto que persigue un objeto. Por su parte la madre superiora quien ha congeniado con la mujer está dispuesta a ayudarla en el proceso de adopción. Como se percibe Sor Fátima es el destinador que ha destinado a la pequeña Ana Lucía como hija adoptiva de Juana y su marido, quienes serían los destinatarios. El problema es que previamente doña Juana tiene que probar su solvencia económica, cosa difícil puesto que a causa del tratamiento del marido han quedado empobrecidos. Juana trama un ardid para pasar la inspección y para ello solicita la ayuda de su cuñado, quien es mayorista de abastos, pero éste se niega rotundamente. Como notamos el marido termina actuando como adyuvante, mientras que el cuñado sería el oponente. El cuento culmina con la imagen de Juana aguardando la llegada de Sor Fátima en su pequeña bodega empolvada y casi vacía.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es importante resaltar que en algunos casos un mismo personaje puede ocupar distintos lugares actanciales dentro de la diégesis. Esto se aprecia mejor en el cuento La justicia seca. Juan de Dios Obrador es un abogado que ansía desposar a la bellísima Gigy Nivoy, conocida como Rosa de Oro. He aquí al sujeto y su objeto de deseo. Juan de Dios la pide en matrimonio y los padres de la muchacha, movidos por intereses económicos, aceptan el noviazgo. Pero justo el día de la boda, el novio se entera de que su amada se ha recluido como monja de clausura en el convento de las madres franciscanas, pues desea vengarse de los hombres a causa de una decepción amorosa sufrida años antes. Entonces la misma Rosa de Oro es el destinador que destina su amor y su vida al servicio de Cristo, quien aparecería como el destinatario. Por último notemos que en el afán de Juan de Dios por casarse con Rosa de Oro cuenta con el apoyo de los padres de la muchacha, quienes serían los adyuvantes, mientras que Rosa de Oro sería también la oponente. Como se percibe Gigy Nivoy asume los lugares actanciales de objeto, destinador y oponente. El cuento culmina con la muerte de Juan de Dios y la celebración popular.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si analizamos a los personajes desde el plano psicológico podemos afirmar que todos ellos están marcados por la fatalidad. Son seres emprendedores que se mueven en la búsqueda de un objetivo y, a veces, no reparan en valerse de algún ardid para alcanzarlo. Son personajes soñadores que añoran el pasado como un paraíso perdido. Algunas veces son artistas signados por la frustración que ansían una revancha en la vida o persiguen una venganza. Lo más trascendente es que nos hallamos ante personajes que problematizan sobre su mundo interior o sobre la sociedad que los rodea. Por ejemplo en el cuento El verano pasó volando leemos: " Mientras iba sorbiendo la bebida fría que le preparó su hermana, pensó en el destino de pájaro enjaulado en que acababa de convertirse su vida..."(pág.86 ) Y en el cuento Toque de queda se lee: " El Perú es un enfermo grave cuyo mal incurable son sus políticos, dijo una vez refiriéndose a esos obreros del poder que trabajaban con denuedo, dando lo mejor de sí, para que el país se fuera a la mierda" (pág.41). Expresiones como éstas nos permiten entrever un subtexto en el libro que refracta de alguna manera la ideología del autor. El semiólogo Umberto Eco sostiene que "Cuando un andamiaje actancial se carga de determinados juicios de valor y los papeles transmiten oposiciones axiológicas como Bueno vs Malo, Verdadero vs Falso [...], entonces el texto exhibe en filigrana su ideología" (Eco, 1981:249). En conclusión los personajes del libro El país de otra gente son seres frustrados y disconformes que pretenden virar el rumbo de sus vidas o que ansían ardorosamente subvertir el orden social impuesto por el grupo hegemónico.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En cuanto al plano del discurso podemos resaltar que en todos los cuentos aparecen narradores heterodiegéticos o tradicionales; es decir, narradores que no forman parte de la diégesis. No obstante, el lector capta el mundo interior de los personajes gracias a un efectivo manejo de la focalización interna; es decir, las historias son narradas desde la perspectiva de sus protagonistas lo que propicia en el lector una identificación plena con cada uno de ellos. Además, esta identificación con los personajes se incrementa con la presencia del estilo indirecto libre en algunos cuentos. Según Seymour Chatman, el estilo indirecto libre se percibe cuando en la narración aparecen palabras o frases que podrían formar parte del repertorio léxico del personaje a quien se le estaría citando en forma indirecta libre. (Chatman, 1990). Por ejemplo en el cuento Mientras cesa la lluvia leemos: "Miserable, durante el último año la estuvo usando para enfriarse el ardor, mientras que el compromiso formal lo asumía con otra mujer" (pág.30). Y en el cuento Toque de queda: "Me entiende ahora, ¿no es cierto? Y qué le iba a entender si el hombre se había pasado la vida sin entender nada, sólo obedeciendo órdenes y desgastando el taco de sus zapatos de tanto cuadrarse ante el superior, sea el alférez De La Mata o el general como carajo se llame" (pág.42).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Otro aspecto que tendríamos que resaltar del libro es su variedad de estructuras lo que da cuenta del dominio de su oficio por parte del autor. Como es sabido toda historia está compuesta de sucesos o hechos, los cuales pueden aparecer ordenados o estructurados de maneras diversas. A este trabajo estructural Aristóteles denominó la "Fábula", mientras que los formalistas rusos como Tomachevsky llamaron el "Argumento". En los cuentos de El país de otra gente prevalecen las estructuras lineales, pero en el primer cuento titulado Un sueño repetido notamos una estructura circular, pues la historia culmina tal como se inicia; es decir vuelve sobre el comienzo del mismo. El protagonista ha tenido un trágico sueño y poco después de despertar abrumado comienza a constatar que las acciones de su sueño se repiten en la realidad rigurosamente. Podemos deducir que esta otra historia tiene a su vez un protagonista que también constatará luego que todo ha sido un sueño donde un hombre soñaba... y así hasta el infinito a la manera borgeana. También hallamos dos cuentos con una estructura particular que se conoce como concéntrica en la medida en que los diversos elementos y saltos temporales giran en torno a un núcleo. Así, el cuento Mientras cesa la lluvia nos relata la historia de una pareja de amantes que se ha dado cita en un café para un arreglo de cuentas. Mientras se produce el diálogo se van insertando escenas de su vida amorosa y las elucubraciones de la mujer, pero todo esto gira en torno a una misma idea que es la frustración de la mujer como artista y como amante. Una estructura similar se percibe en el cuento El verano pasó volando.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pasando a otro aspecto es sabido que en el orden de sucesión de los acontecimientos de la historia y en el discurso, se pueden producir desajustes entre ambos. En este sentido Gérard Genette señala dos casos fundamentales: la analepsis y la prolepsis. La analepsis se percibe cuando en el desarrollo de un acontecimiento se introduce otra en un tiempo anterior a la primera. Un ejemplo lo encontramos en el cuento Mientras cesa la lluvia:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;" -... creo que es lo mejor para los dos.Ella volvió la cabeza para mirarlo, ¿esa frase no fue la misma que usópara impedir su partida? Cansada de vivir en un país que no le ofrecía ninguna ilusión, tenía decidido irse a residir a la ciudad de sus sueños. Antesde que lo conociera, había seguido estudios de francés en un instituto, donde les hacían cantar temas de Edith Piaf y de otros cantantes galos como partedel aprendizaje"(pág.27).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La prolepsis, por lo contrario, consiste en adelantar la narración de un acontecimiento antes de que se produzca.(Genette,1972) Así en el cuento Un sueño repetido leemos: " Pero en la segunda sala [...] se halla una mujer que nadie conoce ni ha visto nunca, pero que asiste al velorio para acompañar a su amiga y también para casarse con el viudo dentro de un año y tres meses, sin que ella lo sepa."(pág.13) Ahora bien, la presencia de estos desajustes temporales no son gratuitos ya que la analepsis nos ayuda a conocer aspectos fundamentales de la vida de los actores que van a tener implicancia en la historia, mientras que la prolepsis incrementa el interés de la trama al anticiparnos hechos cruciales que van a suscitarse en la narración.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hasta aquí hemos planteado algunos alcances del libro sobre la base del método narratológico, pero consideramos que este libro amerita también un análisis exhaustivo desde el modelo estilístico y retórico, pues goza de aciertos muy significativos como el uso artístico de la puntuación en el cuento Un sueño repetido, el manejo sostenido del ritmo, uso espléndido del lenguaje poético que se traduce en la presencia de figuras retóricas muy audaces, así como la presencia de giros lingüísticos arcaizantes que entran en sintonía con la historia narrada como en el cuento Sábado por la tarde. Un buen ejemplo de lo señalado lo podemos notar en el siguiente fragmento del cuento La justicia seca:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;"Su nombre era Gigy Nivoy, pero le decían Rosa de Oro por tener la tez rosada y los cabellos rubios, y ser una de las mujeres más lindas de la comarca. Era una muchacha blanca y sin pecas, de cuerpo torneado y senos erguidos que quitaban el aliento y ponían un dardo de zozobra en el corazón. No usaba ningún afeite y el único adorno que lucía en el rostro, era un pequeño lunar natural, en forma de media luna, que le manchaba con timidez su cutis inmaculado. Para hacer un retrato cabal de su belleza se podría decir que era una muñequita linda, de cabellos de oro, de dientes de perla y labios de rubí. Como dice la canción, sólo que para contradecir las fantasías de sus letras, ella nunca llegó a querer al hombre a quien aceptó después por esposo, sino que lo rechazó con un odio subrepticio que no supo de arrepentimiento ni de fatiga" (pág.63)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por todos los aciertos que hemos señalado consideramos que el libro El país de otra gente de Samuel Cárdich es un formidable libro de cuentos; a nuestro entender, lo mejor en su producción narrativa que lo consolida como uno de los escritores más representativos de la denominada literatura regional.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="color:#6600cc;"&gt;Bibliografía:&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; Chatman, Seymour: 1990. Historia y Discurso. La estructura narrativa en la novela y el cine. Madrid. Taurus HumanidadesEco, Humberto 1981. Lector in fabula. Barcelona. Editorial Lumen.Genette, Gérard. 1972. Figuras III. París, Edit. Seuil.Greimas, Algirdas J. 1971. Semántica estructural. Madrid.Gredos.Reis, Carlos y López, Ana Cristina. 1995.Diccionario de narratología. Salamanca. Ediciones Colegio de España.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-114524633685798832?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/114524633685798832/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=114524633685798832&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524633685798832'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524633685798832'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/04/aproximaciones-al-libro-el-pas-de-otra.html' title='Aproximaciones al libro &quot;El país de otra gente&quot; de Samuel Cárdich desde la narratología Fernando Carrasco Nuñez'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-114524663665265857</id><published>2006-04-13T21:01:00.000-07:00</published><updated>2006-04-16T21:03:56.653-07:00</updated><title type='text'>La Madurez Poética de Samuel Cardich</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;No hay vuelta que darle, "Mudanza" (Huánuco, Edit. El Albatros, 199; 200 pág.) es un excelente libro de poemas. Uno de los más relevantes de este año. Su autor, Samuel Cardich (Huánuco, 1947), además de dotado cuentista, desde un comienzo (breves colecciones de 1977,1982 y 1983) nos pareció un poeta genuino, acertado forjador de una visión "fresca y natural", sin excrecencias retóricas, conforme lo señalamos en el prólogo que escribimos para edición completa de "Hora de silencio" (1986). Uno poeta que dio síntomas patentes de ingresar a un lenguaje artísticamente maduro en "De claro a oscuro", alcanzando logros excepcionales en las dos secciones finales -las que contienen nuevos poemas -de la reciente "Mudanza".Ya Jesús Cabel lo consideró, en 1983, "otro de los poetas clave de la que se ha dado en llamar Generación del 70". Y en 1986, comentando "Hora de silencio", el conocido narrador huanuqueño Andrés Cloud proclamó entusiasta: "Cardich, a no dudarlo, es el más importante poeta huanuqueño de todos los tiempos".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La lectura deleitosa de "Mudanza" nos mueve a suscribir esos elogios. El volumen recoge "Hora de silencio" y "De claro a oscuro" (1995), añadiéndoles dos espléndidos racimos: "Último tramo" y "Blanco de hospital", este último uno de los mayores aciertos de la poesía peruana reciente. Aquejado de una rarísima deformación de los huesos, Cardich retrata su dolencia y sus experiencias en un hospital con una intensidad y una riqueza de matices expresivos que amerita el cotejo con textos afines de Vallejo y Watanabe.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aclaremos que Cardich ha corregido las composiciones de "Hora de silencio" (proceso ya detectable en las modificaciones introducidas en 1982, 1983 y 1986), insertando cambios acertadísimos, que no sólo mejoran el vuelo poético de sus versos antiguos, sino que plasman un tono y un estilo concorde con el de las colecciones posteriores. El propósito de Cardich ha sido tejer un solo libro con los dos poemarios publicados y las dos secciones nuevas.Un libro que consigue una difícil síntesis entre lo lírico y lo narrativo: fusión armoniosa sin los excesos antilíricos y pro narrativos (aun pro reflexivos o pro ensayísticos) de tantos poetas de las generaciones del 60 y del 70. La doble condición de poeta y de cuentista que posee Cardich le ha permitido esa sabrosa conjunción, donde lo lírico se enriquece con lo narrativo (ganando en emoción, en sutileza alusiva), y lo narrativo se ahonda con lo lírico (adquiriendo mayor vibración visceral, mayor densidad simbólica). Sirva de ejemplo el siguiente pasaje en que un médico lo utiliza como caso típico de su rara enfermedad:"Esta clase de sujetos presenta/ con frecuencia una manía depresiva". / Estuvo en Boston/ y debe ser cierto si él lo dice. / Desnúdese, me pide luego. Asustado, / pregunto ¿para qué? / Pero obedezco; quince alumnos abren la boca / como frente a la Muralla China. Habla / y sin anestesia pasa su bisturí por mi cuerpo, / con las manos saca al aire mis vísceras / para que las vean sus muchachos". (p. 194)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por: Ricardo González Vigil&lt;br /&gt;Fuente: El Comercio, 10/10/1999&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-114524663665265857?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/114524663665265857/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=114524663665265857&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524663665265857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524663665265857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/04/la-madurez-potica-de-samuel-cardich.html' title='La Madurez Poética de Samuel Cardich'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-114524686336857138</id><published>2006-04-12T21:04:00.000-07:00</published><updated>2006-04-16T21:07:43.383-07:00</updated><title type='text'>Samuel Cardich y la nueva narrativa andina</title><content type='html'>&lt;span style="color:#999999;"&gt;Por: Manuel J. Baquerizo&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#999999;"&gt;Fuente: Revista Expresión Cultural. 3/15/1993&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;1. Malos Tiempos (1986)&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En los últimos años ha comenzado a sobresalir en la ciudad de Huánuco un valioso grupo de jóvenes narradores. La figura central que opera en el interior del país, es Samuel Cardich (Huánuco, 1947). Cardich -como los demás- vive, escribe y padece en la misma localidad. "Malos tiempos", es su primero y excelente libro de relatos, vuelto a editar en 1989. Para tener una idea de esta literatura de provincia, tan estimable como poco difundida, cabría remitir al lector a la bibliografía reciente, sino fuera porque también ella es una fuente lejana e inaccesible. Andrés Cloud y Mario Malpartida, "Narrativa. Antología Huanuqueña Siglo XX", Tomo I (1989), la antología "Enconjunto" (Ediciones Convergencia, 1989) y Rosa Mendoza de Malpartida, "La Literatura Huanuqueña en Debate: Nuevos Aportes" (1989).&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;2. La materia narrativa&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Lo primero que llama la atención en los relatos de Samuel Cardich es la ausencia de aquellos viejos tópicos que caracterizaron a la literatura regional de épocas pasadas. En las ficciones de Cardich difícilmente se podrá encontrar la descripción de detalles ambientales, cuadro de costumbres o pinturas de paisajes; y si los hay, estarán completamente transfigurados y recreados por la nostalgia y el recuerdo. La realidad imaginaria de sus cuentos por lo general abarca personajes, situaciones y escenarios del universo urbano de provincia. En esto Cardich es un notable renovador de la materia poética; pero, lo es más todavía en su personalísimo estilo de enfocar dichos temas. A este cuentista no le preocupa tanto registrar los hechos y acontecimientos sino verbalizar la repercusión que estos sucesos tienen en la vida íntima de sus criaturas. Cardich incorpora en sus cuentos la subjetividad del hombre contemporáneo y se mueve en la pura subconciencia de los personajes. En vez de la contemplación del mundo, nos muestra una autocontemplación del individuo. Desde que Freud apareció en el horizonte cultural ya no somos, en efecto, los mismos, como podría afirmarlo Lawrence Durres. Si el culto de la vida interior en la novelística había sido hasta hace poco un privilegio de las clases sociales altas, hoy día, es igualmente una forma de auscultar la oscura existencia de los grupos desvalidos. Tal vez por eso, los conflictos en los relatos de Cardich son más sicológicos que sociales. Esto lo acerca -sin que el autor lo copie, imite, o siquiera lo advierta- a Faulkner, Onetti y Rulfo, más que a Guy de Maupassant o López Albújar. Corriente narrativa que algunos críticos, a falta de otro moción más apropiada, llaman neorrealista. Las técnicas que mejor habrán de prestarse para este enfoque tenían que se naturalmente la primera persona gramatical, el monólogo interior y el relato objetivo, que permiten una identificación mayor del lector con los personajes y su universo poético.Samuel Cardich es un formidable conocedor de las capas medias provincianas. Lo que no significa que su obra literaria sea un documento sociológico, ni mucho menos que el autor pretenda hacerlo. Sus relatos -de índole más bien imaginaria y poética- están situados en una fase histórica en que la vida rural principia a ceder espacio a la vida urbana y en que la ciudad crece rápidamente, ante la mirada perpleja y desorientada del poblador originario y emigrado. Sus personajes -seres apartados de sus propios usos culturales, deslumbrados por los espejismos de la gran urbe y por el embrujo de la modernidad y sometidos a la neurosis del consumismo -encarnan, en forma por demás grotesca y ridícula, esta confrontación entre el mundo tradicional y el mundo contemporáneo. Que sepamos, nadie había novelado hasta ahora esta realidad difusa e inédita y tan inmediata, a la vez. Ningún autor había sabido desentrañar, con la emoción y la fuerza expresiva del escritor huanuqueño, la angustia lacerante que viven las poblaciones emergentes. Y pocos seguramente, como Samuel Cardich, han podido penetrar en sus anhelos, delirios, frustraciones y desesperanzas, con esa risueña ternura, con la simpatía y humor, que recuerdan a menuda la carcajada doliente y la tristeza irrisoria de Gógol y Dostoiewski. En lo cual es más intenso y entrañable que, por ejemplo, Julio Ramón Ribeyro, el escritor nacional a quien más se parece -dicho sea de paso- por su estilo de narrar y por su amarga poetización de los sectores empobrecidos de la sociedad capitalista.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;3. La alienación de la mujer&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En las ficciones narrativas de Cardich, las mujeres son quienes sufren más el impacto de la modernidad, de la llegada de las nuevas ideas y de los cambios que implica el proceso de urbanización de la aldea. "Recuento" -el texto que mejor ilustra este problema- describe el desventurado fin de una adolescente que emigra a la capital, atraída por los señuelos del progreso. Relato de "iniciación", muestra el doloroso descubrimiento de una muchacha de provincia de lo que es el macrocosmo citadino. Vera Suana tiene 20 años, de pronto reniega de su aldea, porque, dice, "es un pueblo chico que produce de todo, menos esperanza" (p. 72). Los "folletines", las "Revistas" y las vanidades que leía" 8p. 71) habían forjado en su imaginación un engañoso mito, tal como lo haría el cine en las argentinas de la pampa, en La traición de Rita Hayworth (1968), la renovadora novela de Manuel Puig. "Con la cabeza llena de fantasías", Vera Suana, "creía que Lima era el ansiado edén y que aquí iban a encarnarse sus sueños" (pp. 69-70). Viaja a la capital para trabajar de secretaria, hacerse modelo profesional y, por añadidura, estudiar alguna otra carrera más, pero termina brutalmente atrapada en las redes del narcotráfico. No es, ciertamente, el final de todas las mujeres que emigran, sin embargo ya se ha hecho un leitmotiv en la narrativa peruana. Andrés Cloud también lo toca en "Secretarias privadas de profesión", de su libro "Usted comadre debe acordarse" (1986). Pero, Cardich ahonda más en la repercusión moral del problema. Para el campesino y aldeano no hay nada tan aterrador como la pérdida del buen nombre. El sentimiento del honor sigue siendo en él muy vivo y fuerte. De allí que sería muy difícil hallar en la vida andina algo parecido a lo que Guy de Maupassant relata en la "La casa del placer", donde uno de los personajes declara con verdadero cinismo: "Es un buen negocio, y manda a su hija a explotar un harén de mozas, como lo enviaría a dirigir un colegio de señoritas".En el relato, "Déjala ir, Criollita", de ambiente también ciudadano, el autor expone el drama de una mujer que no tiene otro horizonte que el de una existencia pobre y degradada. Un día es tentada por un rufián, para que le entregue a su hija a la conductora de un burdel, llamada Mestiza. La argumentación del mandadero no puede ser más descarada e impúdica y llena de humor cómico: "Mestiza quiere endulzarle el destino sacándola de esta barraca de tablas para ponerla a trabajar en una de las cuarenta habitaciones de lujo del amplio local que vamos a inaugurar en breves días" 8p. 58).La estructura del cuento tiene la apariencia de un diálogo. Quien habla es Tacho y la interlocutora es Diodola. Las reacciones de esta las conocemos solamente por las palabras, las apreciaciones y los comentarios de Tacho. Con este original procedimiento, el autor soertea cualquier caída en el melodrama y el patetismo y nos ofrece más bien una comedia grotesca plena de humorismo ("Me respondes que debo tener las pelotas de este tamaño para venir con toda la pachorra a hacerte una proposición de esta índole" (p. 54). "Ya ves, Criollita, recién cuando te doy razones de convencimiento dejas de fruncir el ceño y muestras en tu rostro una expresión amigable" (p. 62) "Eso es, así me gusta que me indiques con una amplia sonrisa que estás dispuesta a conversar con más tranquilidad y detalle sobre el brillante futuro que le espera a tu hija" (p. 65). El relato -como se ve- tiene un desarrollo enteramente coloquial, sostenido en todo momento por el pintoresco modo de hablar criollo, pícaro y canallesco de las prostitutas y rufianes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;4. El mito de la infancia&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Todo verdadero artista crea sus propios mitos. El mito de Cardich parece ser la infancia. En efecto, los héroes de sus ficciones son casi siempre niños y mujeres que empiezan a despertar ante un mundo extraño y complejo. "En esta casa llena de niños", por ejemplo, la narradora es una pequeña, que va descubriendo en forma adolorida, tierna e íntima, la dura existencia, la dura existencia de una familia de una familia de clase media baja. Ella confiesa que tiene que contar esta historia, "porque es necesario que hable para que vaya saliendo por mi boca esa larga tristeza que tengo…" (p. 19). El hecho es que la madre, de condición modesta, vive paradójicamente encandilada por el lujo y placeres de los ricos. Y como no puede participar materialmente de estos goces, se dedica, de modo extravagante, a fisgonear las fiestas de la vecindad para reproducirlas luego en su imaginación: "Se iba a mirar la fiesta de los ricos … y mirando la fiesta se quedaba toda la noche para después regresar cansada como si ella hubiera ido a bailar (p. 99), explica con raro discernimiento la niña.Estos relatos -según habrá podido advertir el lector- describen el drama de la gente humilde y de la pequeña burguesía provinciana, que se atormenta por ascender en la escala social y ocupar lugares expectantes. Cardich, con su gran arte para calar en sus sueños y amarguras, es su mejor poeta y analista. Huánuco, ciudad de reciente y relativa modernidad, tiene en él a su intérprete más agudo. Pero, el escritor es capaz igualmente de desplegar ingenio y humorismo cuando pulsa otros temas. Por ejemplo, en su cuento más popular, "Un ángel bajado del cielo", con una fantasía desaforada a lo García Márquez, hace la parodia de un relato popular que trata de la credulidad y la fe ingenua del campesino que fácilmente puede ser engañado por una patraña seudo religiosa. El protagonista de este relato es un licenciado, ex servidor de un convento, quien en complicidad con la maestra de la escuela rural, simula ser un ángel enviado por Dios, para salvar al pueblo de sus pecados. La grotesca mascarada da lugar a una divertida serie de concentraciones de fe, de rogativas y recogimientos, de limosnas y tribulaciones, hasta que el engaño es descubierto. El relato está inspirado en una anécdota que circuló hace algunos años en Huánuco. Al parecer, el hecho habría ocurrido realmente en la comunidad de Pomacucho. Manuel Scorza también lo recoge en su novela "El cantar de Agapito Robles" (1977, caps. 16-20). Cotejando ambos textos se puede apreciar la superioridad literaria de nuestro autor en el manejo narrativo. Scorza, a fuerza de hipérboles, convierte la anécdota en una descomunal caricatura; en cambio, Cardich compone una risueña ficción, cargada de fantasía y humor, utilizando, según es su costumbre, la perspectiva de un narrador ficticio. El hablante -en este caso, un personaje campesino anónimo- conoce la historia sólo indirectamente, por lo que no se compromete con la verdad de los sucesos y se limita a reproducir lo que él ha oído contar ("dice el dijo", "comuneros dice creeron", "dice rizó en quechua", "sólo voy cuentarte quen parte principal ángel dice le dijo"). La forma distanciada de narrar, que suponen el "dice", "dijo", significa que el campesino de hoy ya no es tan crédulo. El cuento produce por eso en su trasfondo una sensación de ambigüedad y sarcástica sospecha. Con ese mismo tono coloquial y festivo, Cronwel Jara ha urdido una historia similar, pero que no tiene nada que ver con la tradición huanuqueña. El texto se titula "El milagrero", y forma parte de "Las huellas del puma" (1986).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;5. La perspectiva narrativa&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;El estilo más conveniente para esta manera de enfocar la realidad tenía que ser, de hecho, el relato objetivo. En las ficciones de Cardich surge constantemente un yo narrador que no es del autor sino de uno de sus personajes literarios. El autor desaparece por completo del escenario. Ya no hay, por lo tanto, quién analice, quien comente o juzgue los hechos y la conducta de los personajes, ni siquiera quién guíe los relatos. Los cuentos están referidos siempre desde el punto de vista de los mismos protagonistas o de la persona ficticia que actúa como testigo o intermediario. Esta técnica reduce naturalmente el espectro de la realidad, pero esta realidad es más directa, y emocionalmente más rica, que la expuesta en las narraciones convencionales, escritas en tercera persona y forma omnisciente. Como dice Mariano Baquero Goyanes en Proceso de la novela actual: "Se trata fundamentalmente no de hacer hablar a unos seres de ficción, sino de relatar hechos que viven esos seres, y aunque el novelista los haga dialogar, lo esencial es la marcha del relato. Todo ello quizá responda psicológicamente a la actualidad de un hombre que contempla y capta el mundo no tanto en su externa dimensión sonora como a través de su más tenue latido". Samuel Cardich, por supuesto, no recurre a estos sofisticados procedimientos, por mero ejercicio lúdico o por exhibir su notable conocimiento de la narrativa moderna sino porque lo exige su cuentística y el mundo que describe, donde nada es sólido y seguro y donde todo parece estar amenazado de rupturas, de cambios y de zozobra.Una muestra de ello es "Día de crecida", monólogo de un niño de 11 años. El cuento carece de historia o argumento. Toda la acción se enmarca dentro de la conciencia del personaje. Lo que aquí se refiere es una sucesión de recuerdos, de emociones y experiencias (juegos, abusos del gobernador, desgracia de la madre, muerte del negro Simón, despojo de Telo Reymozo, relaciones eróticas, etc.); o sea, una realidad evocada y revivida por la memoria infantil. Pero, lo interesante y sugestivo de esta evocación es que los recuerdos del niño se confunden en un juego de correspondencias entre lo real y lo imaginario, entre lo personal y lo histórico, entre las pretensiones y los hechos: maldades del gobernador se confunden con el "juego de los apaches", la creciente del río con la leyenda de la princesa Mamayatay y el sentimiento de odio y de muerte con la furiosa y destructora inundación del río. Todo esto naturalmente expuesto mediante un torbellino de imágenes, con una prosa desbordante, sin puntuación y sin pausa, y con un intenso ritmo lírico, de donde proviene esa atmósfera mágica e irreal que caracteriza al cuento. Podría notarse en él una lejana semejanza con el estilo de Faulkner y de los primeros cuentos de Carlos E. Zavaleta (por ejemplo, "Discordante").La elección del punto de vista resulta igualmente crucial en "En esta casa llena de niños". En el relato habla una niña, quien cuenta la historia de sus padres a la monja del convento, que no es sino una interlocutora, como Diodola en "Déjala ir, Criollita". Esta perspectiva le permite al autor poner de relieve la individualidad de la niña, cuyo discurso, transido de infinita ternura y delicada ironía, aparece siempre en un primer plano. Cardich ofrece un cuento de estilo lineal, donde la acción se desenvuelve progresivamente hasta alcanzar el desenlace."Malos tiempos" viene a ser un libro que renueva y enriquece las técnicas y los procedimientos narrativos, tempranamente introducidos por Carlos E. Zavaleta y Julio Ramón Ribeyro en el cuento. Cardich llega en esto hasta la supresión completa del autor y el relato plenamente objetivo. En lo cual seguramente muy pocos lo aventajan a nivel nacional.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;6. El lenguaje&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Samuel Cardich es, además, un buen prosista que tiene la gran virtud de trasponer el ritmo oral del lenguaje a la obra literaria. El autor es capaz de asumir, con la mayor naturalidad, el habla del niño, del campesino, del criollo y del hombre de barriada; lo recrea y le da forma artística. En "Día de crecida", el discurso del niño -aparte del empleo de los diminutivos y las palabras gruesas- se distingue por la intensa animación de las cosas (el río Huacarmayo, dice "baja con cólera", "se acerca con odio", "sigue como un loco", p. 27) y por la metaforización general del universo campestre. "La carta poderosa" es, a su vez, una suerte de pastiche ("estilización literaria", le llamaría M. Bajtín), una parodia humorística de la escritura de aquellas misivas remitidas en cadena a diversas personas, para que éstas a su turno las reproduzcan y las envíen a otra. Son cartas redactadas en una prosa burda e irregular, con faltas ortográficas y una sintaxis enrevesada. El cuento, al mismo tiempo que una sátira carnavalesca de esa costumbre tan difundida en el bajo pueblo, constituye una excéntrica exploración de la contracultura popular. A Christian Fernández le debemos un experimento parecido, en "Carta de candelaria purísima" -incluido en su libro "Somos de junto al río" (1986)- donde explora al máximo el lenguaje coloquial, procaz y atrevido. En general, los cuentos de Cardich tienen el sabor idiomático de la cultura criolla y plebeya. Solamente en "Un ángel bajado del cielo" el autor hace un recreación del español dialectal o regional.El intento de trasponer a la literatura la manera de hablar del campesino quechua-hablante (o hablante en español bilingüe incipiente), al igual que otras unidades lingüísticas heterogéneas, representa, por supuesto, uno de los grandes aciertos de Samuel Cardich y de los jóvenes narradores andinos. Expresa a cabalidad -quiérase o no- la dislocación lingüística y cultural y la encarnizada confrontación entre los mundos que representa la realidad actual del país. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-114524686336857138?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/114524686336857138/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=114524686336857138&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524686336857138'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524686336857138'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/04/samuel-cardich-y-la-nueva-narrativa.html' title='Samuel Cardich y la nueva narrativa andina'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-114524706924504944</id><published>2006-04-11T21:08:00.000-07:00</published><updated>2006-04-16T21:11:09.256-07:00</updated><title type='text'>Tres Historias de Cardich</title><content type='html'>&lt;span style="color:#999999;"&gt;Por: Juan Alberto Osorio&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#999999;"&gt;Fuente: Revista Arteidea Nº 27&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En estos tiempos de primacía de la narrativa, muchos son los poetas que recalaron en sus predios. Por el contrario, difícil encontrar narradores que se hayan tornado poetas. Así, es pertinente hablar de la narrativa de los poetas. El caso de Samuel Cardich es diferente: se trata de uno de los escasos escritores peruanos que alterna, con eficacia, las escrituras poética y narrativa. Repitiendo, y no parodiando, a ciertos españoles del siglo XVI, de quienes se decía que tomaban "ora la pluma, ora la espada", diríase que Cardich toma ora el verso, ora la prosa narrativa. Y así, en ese orden, ya van cuatro libros editados: Hora de silencio (poesía, 1986), Malos tiempos (cuentos, 1987), De claro a oscuro (poesía, 1995) y Tres historias de amor (cuentos, 1996). Este último acaba de ser reeditado, en diciembre último (Editorial El albatros, Lima, 2002).No sabemos si en esta segunda edición, el autor introduce algunas variantes textuales. De ser así, ello obligaría a una aproximación intertextual; pero en este comentario, obviamos tal posibilidad. El libro reúne tres relatos: El hombre que lo arreglaba todo, Nati y los gorriones e Historia de un feo que se fue a morir en un pueblo de bellos. El primero toma parcialmente los recursos del relato oral, y es la historia de un hombre que recorre, incansable y sin rumbo fijo, pequeños poblados de la sierra. Permanece en cada lugar el tiempo justo para realizar reparaciones de todo tipo, y marcharse en su caballo esmirriado. Nadie conoce su nombre, ni sabe nada de él, tampoco el porqué de sus servicios gratuitos, por los que sólo acepta un plato de alimentos o un rincón donde pernoctar. Tampoco se sabe lo que lleva en su maleta, pues nunca la abre. Al final, es invitado a visitar un pueblo en el que es rechazado, y donde abre su maleta, y de ella emergen dos marionetas, que representan a él y su caballo. Ante niños absortos representa su breve historia en ese pueblo, que concluye con su salida del mismo. En ese punto, la historia coincide con esa otra que se cuenta dentro de ella. Y así, se marcha como vino, este hombre que arreglaba todo, pero al parecer no podía arreglarse a sí mismo.Nati y los gorriones es la tierna historia de una mujer de cincuenta años, que ama desmesuradamente a los gorriones. Vive en soledad y frecuenta sólo a estas aves, a las que alimenta y comprende mejor que nadie. De ellos conoció la gratitud, como del gorrión que ella llamó Tico, que un día encontrara herido, y una vez curado y dejado libre, retornó para acompañarla varios años. Una fuerte voluntad realista anima al narrador-personaje, que es además el propio autor. Desde que trabó amistad con Nati, penetra en su universo poblado de ternura casi infantil y de gorriones. El ruido de las motosierras que derriban la morada de los gorriones y provocan su éxodo, como el del motor del vehículo que transporta a Nati, quebrantan un orden, alteran una armonía con paciencia establecida. Pero más allá de ello, adquieren niveles simbólicos interesantes. Los gorriones se marchan, Nati también: en ambos casos, queda la promesa del retorno incierto. Los tapices que Nati tejió, con esmero y demora, adquieren finalmente otro valor. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya no serán los pisos de maceta, sino sargas que historian su vida ausente. En este relato, como en otros, se establece la fijación temporal; es por lo mismo, el espacio, y sobre todo las acciones, los elementos que activarán la ficcionalidad.Historia de un feo que fue a morirse en un pueblo de bellos es una historia que trata de un hombre joven, calificado como feo, aunque sin precisar sus rasgos. Hastiado por la rutina diaria entre el trabajo, la pensión y su habitación de hombre solo, desea viajar. Lo hace, aprovechando los días de vacaciones, y es bajado en una estación desierta y nocturna. Al amanecer, descubre maravillado un lugar idílico, habitado por personas bellas del que será primero rechazado, y luego aceptado por una acción temeraria que lleva a cabo. Desde el inicio asiste al nacimiento del amor por una joven y que alimentará hasta el delirio. Al cabo de varios años, logra leves avances en sus propósitos amorosos, lo que sugieren el logro de la felicidad a largo plazo o tal vez de manera súbita. Todas las acciones parecen ubicarse en el nivel escatológico, en ese "recurso edénico" que es una especie de paraíso, en el que también es discriminado y escarnecido. Desde esta perspectiva, el viaje emprendido y la llegada a este extraño lugar, adquieren otra significación, junto a la soledad, al aislamiento deliberado del personaje, y la marginalidad consiguiente. Desiste de su retorno a su ciudad (realidad) y prefiere quedarse en ese lugar (ilusión), alimentando el obsesivo amor por esa muchacha, hermosa en grado sumo, que lo deslumbró. Los linderos entre vigilia y sueño, son traspuestos con naturalidad, tanto para continuarse, como para confundirse. Estos relatos muestran a un narrador que maneja con naturalidad su discurso, además de una sensibilidad y una visión casi poéticas, y expresadas con sentimiento auténtico. Existen en los relatos elementos comunes, como el desconocimiento de la vida anterior de los personajes, de los que apenas se desliza una que otra referencia; la soledad que posee a los protagonistas; el viaje incierto o sin término que marca sus vidas; la búsqueda o el asomo de pasajes idílicos; vidas que indagan algo, a veces de modo febril, pero que casi siempre terminan cerrándose en sí mismas.En Tres historias de amor los discursos narrativos discurren con fluidez, precisión, activando un campo sugestivo. Los títulos, como elementos paratextuales, establecen una isotopía semántica, que el texto confirma. Pero no es allí que radica su riqueza, sino en la capacidad de generar otros niveles de lectura; allí los personajes parecen huir de algo impreciso o de sí mismos, y al mismo tiempo buscar algo que finalmente no encuentran. Sin embargo, en los tres relatos hay una armonía con esfuerzo establecida, una armonía extraña, pero armonía al fin, y al quebrarse revela una riqueza mayor que permanecía encerrada.La soledad asoma en estos tres relatos. También los animales (caballo, gorriones) y las flores. Su presencia es tal que llegan a asumir importantes roles actanciales. La sensación de fracaso también tiene su recorrido, pero queda la vida soñada, en un amor de distinta índole en cada caso, pero también asoman elementos fabulosos, que cumplen importante función, en oposición a la dura, magra y hasta adversa realidad.Cardich es un narrador que con facilidad maneja éstos y otros recursos de la diéresis y creo que con adecuados recursos técnicos, confirmando la calidad que se le conoce. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-114524706924504944?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/114524706924504944/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=114524706924504944&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524706924504944'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524706924504944'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/04/tres-historias-de-cardich.html' title='Tres Historias de Cardich'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-26203244.post-114524724157966024</id><published>2006-04-10T21:11:00.000-07:00</published><updated>2006-04-16T21:14:01.586-07:00</updated><title type='text'>La muerte y sus alrededores en los cuentos de Samuel Cardich</title><content type='html'>&lt;span style="color:#999999;"&gt;Por: Mario A. Malpartida Besada&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;span style="color:#999999;"&gt;Fuente: Diario Ahora, 10/12/2003&lt;/span&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;La muerte puede llegar mañana, (Lima, Editorial Universitaria de la Universidad Ricardo Palma, 2003), libro de cuentos de Samuel Cardich (Huánuco, 1947), desde el título plantea el tema de lo inevitable en el marco de un futuro inmediato para sus protagonistas. De esta manera, muerte y mañana, se mueven como alegorías de lo fatal y lo cercano. Por eso el estigma trágico de la muerte ronda alrededor de sus personajes, casi siempre víctimas del deterioro moral, signados por cierto fatalismo en la trayectoria misma de sus vidas. En este sentido, las historias tienen un claro hilo conductor y un objetivo determinado. Sin embargo, el tratamiento del discurso narrativo y el desarrollo de la historia, se amalgaman rítmicamente para crear toda una atmósfera emotiva, propiciando una obligada y atenta lectura, palabra por palabra, hasta arribar al final del texto. Así como el amor, el tema de la muerte es universal y eterno. Por ello mismo, demandan un soporte no sólo en la anécdota, sino también en la elaboración del mensaje. En La muerte puede llegar mañana, casi siempre se aplica el monólogo interior, directo o indirecto, como procedimiento, y la primera persona como punto de vista, recursos que producen un mayor acercamiento obra-lector, por el tono confesional e intimista, aun cuando muchas veces el desgarro sentimental y la crudeza despierten cierta conmoción en el lector. Para disminuir este efecto, hábil y puntualmente, se insertan frases poéticas muy bien entonadas dentro de sus contextos. En la mayoría de los casos, los diálogos están interpolados dentro del relato para darle mayor densidad dramática. Igualmente, se apela a la narración contrapuntística y cinematográfica con el objeto de yuxtaponer los diferentes segmentos de una misma historia o para reflejar el estao de ánimo de sus personajes. Al tema recurrente de la muerte, se le suma el conflicto entre padres e hijos, bajo diferentes formas, así como la carencia de valores que puedan elevar el nivel de vida de sus protagonistas, no exentos de un vivir a solas sus propios dilemas. Ello ocurre de manera explícita en todos los cuentos, con excepción de En el pozo de la noche, en donde la trama propone dos historias simultáneas, con ausencia del binomio padre-hijo.En Todo es un tiempo, Ana Sofía de Bonilla Fernández, "soltera e hija de Juan de Bonilla, el maragato que pasó por estas tierras sembrando hijos para que se dedicaran a cuidar con devoción a sus madres" (:18), monologa amargamente teniendo a su madre como supuesta interlocutora, y refiere su condición de hija maltratada mientras la madre estuvo en vida y ella a su lado prodigándole sus mejores atenciones. Su contenido revela el tránsito de su progenitora de "madre dulce a madrastra amargada" (:17), pero también su transformación personal:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;em&gt;Y fue entonces cuando una extraña afición por los hombresentró a trastornar mis instintos, asacarme a las calles para buscarpor sospecha o por cálculo a lostrovadores que pudieron haberme cantado, y que me quisieron o pudieron haberme querido; y mevolví mujer de la calle que iba porahí con la entrepierna caliente,sonriendo y desafiando a cualquierhombre con la misma mirada einsolencia con que lo haría una zorra (:21)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A pesar de todo: la obligada soledad, el desgaste físico y moral, la cargazón de los años y un ligero roce de sentimiento de culpa, el texto Muestra una pasión filial desbordante, indestructible, pero igualmente obsesiva, puesto en evidencia en la expresión final del monólogo de Ana Sofía dirigiéndose a la tumba de su madre Deidemia: "(…) en tanto llegue la hora de ir al lugar donde ahora se encuentra y así pueda seguir cuidándola más allá de la muerte" (:23).Anecdóticamente, cabe destacar que este cuento encierra expresiones con las que el autor jugó como probables títulos para su libro: "Porque cuando se quiere de veras" (:16). "El recuerdo es una fiebre que desvela, madre mía (:21) e, inclusive, el que finalmente eligió: "(…) a sabiendas que la vida no dura, que la muerte puede llegar mañana" (:22) (En todos los casos las cursivas son nuestras). El siguiente texto, Un laberinto de voces, es, precisamente eso, un conjunto de voces monologantes que construyen una historia aparentemente caótica pero con igual sino trágico. La perspectiva múltiple aplicada en este relato, cuenta, básicamente, la historia de Sabina, Alberto Pacayar y del hijo de ambos, Leo, nacido con retardo mental. En realidad, la secuencia muestra el progresivo deterioro de los protagonistas. En el caso de Pacayar, de comerciante exitoso a comerciante arruinado; en el caso de Sabina, de la salubridad a la enfermedad; y en el caso del niño Leo, de la enfermedad hacia la muerte. Y el de todos ellos, hacia el misterio, siempre bajo la égida de Thanatos: él desaparece y ella supuestamente se suicida: "Pero por ahí apareció una persona que contó haberla visto en la noche de su desaparición ir rumbo al río, y otra que agregó haber visto arrojarse a alguien en las aguas torrentosas" (:39).El tema de la muerte adquiere ribetes colectivos en Soledad en los predios de La Mariana. La historia es más bien novelesca por las ramificaciones en el monólogo del viejo Raúl Gavilano, tan lleno de raccontos y flash backs. Quien propicia la masacre será Tulio Raúl Gavilano, cuyo origen se diluye en los "dos padres que tuvo (…) y que Amelia le puso (los nombres) en recuerdo de los dos hombres que compartieron su vida" (:57). Estos dos hombres fueron los hermanos Tulio y Raúl Gavilano. El hecho resulta siendo un trasvase del sueño hacia la realidad, sueño que ya le anuncia al padre la transformación del joven Tulio Raúl, de muchacho silencioso hasta convertirse en "borracho y en un hombre de putas" (:48), e, inclusive, terminar promoviendo la muerte, incluyendo la suya propia, impulsado por un amor pasional no correspondido. Y el arma que más víctimas cobró fue un puñal que acompañaba a Raúl desde los doce años, como si siempre le hubiera acompañado la muerte a la espera de su plasmación. "Y aquel puñal que no sabía de crímenes fue el que ayudó al arma de fuego a consumar la absurda carnicería" (:56).Semejante desasosiego se siente en ¡Llegó mamá!, con mayor énfasis en el lado moral. En este caso la muerte es provocada por un hermano menor ante la presunción de que la hermana, Madelina, se había prostituido y que de su mala vida provenían los regalos que recibía la familia. En realidad, el monólogo, en este caso, es una confesión que tiene como interlocutor al comisario:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;&lt;em&gt;Por ese motivo laobservaba a ella con mayor atención, y la seguí mirando ala cara cuando la vi comer conapetito el asado de cerdo salvajeque sazoné bien y se lo serví yomismo en señal de disculpa;esperando desde mi asientoubicado frente al asiento de ella,que aparecieran los primeros síntomas, los retorcimientos y elespumarajo que iba a expulsar por la boca a causa del veneno de perro que le eché en la comida(:78)&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En El siete quita la vida, combina el relato con el diálogo como recursos para armar la historia. Igualmente se maneja hasta cierto punto el dato escondido. Y la revelación posterior tiene que ver, una vez más, con el binomio padre-hijo, pero en relación solidaria y no en lucha de contrarios. El escenario se muestra más bien rural, a la manera de una pequeña comarca. A ella llega un desconocido, según va refiriendo el narrador, y finalmente acaba con Molina, una especie de cacique del lugar, y con toda su gente. Al final se revela quién es el organizador del hecho y la identidad del extraño. "Le conté que hace unos días el muchacho había llegado en secreto a Bucay, respondiendo al llamado que le hice para que me echara una mano en el asunto de acabar con Molina y su gente" (:94), para, finalmente, concluir: "Cisco es el número siete de los hijos que tuve en la selva" (:95).Un texto singular es En el pozo de la noche. Narra las vicisitudes de un grupo teatral acosado por fuerzas tenebrosas y las que sufre uno de sus integrantes, víctima circunstancial o selectiva de no se sabe si militares, insurgentes o los hermanos de su enamorada. El final plantea una doble sugerencia: se ignora si, finalmente, va a ser ultimado en una sala de torturas o, acaso, salvado de las garras de la muerte en el quirófano de un hospital.Cierra el conjunto de siete cuentos, Justo antes de caer, texto abierto a múltiples apreciaciones. Igualmente, incide en el enfrentamiento solitario de un dilema, la degradación moral, el desencuentro padre-hija y la muerte. Pero, además, también se expone aquel sentimiento de culpa insinuado ya en Todo es un tiempo, pero al revés, no es la hija con relación a la madre, sino el padre con relación a la hija. Aquí Rafael Calamaro se siente responsable de la descomposición moral de su hija Ivonne, quien ha tenido que prostituirse para alcanzar un alto nivel de vida. La narración llena de imágenes y recuerdos aporta con una atmósfera de confusión para retratar el caos interior del individuo.La recibió de su madre Viviana, "una muchacha morena, de rasgos delicados, con quien tuvo un amor pasajero hacia diez años" (:136), cuando la niña tenía nueve años, con el encargo de que la cuidara mucho. "Se llama Ivonne, acaba de cumplir nueve años y sólo te tiene a ti en este mundo" (:138), le había escrito. Por eso siente que la vida posterior de Ivonne fue de su entera responsabilidad. "le habían encargado que la cuidase mucho" (:120). Y fue su pasión al juego lo que hizo que la descuidara y, a la postre, propiciara la separación después de once años de extraña convivencia.En el reencuentro de padre e hija luego de cuatro años de ausencia, las elucubraciones del narrador son sutilmente sugestivas y se mueven dentro de ideas asociadas con el incesto, el filicidio y el suicidio. En todo caso, se expone una rara, casi truculenta relación:&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="color:#3366ff;"&gt;"-Hace un lindo fondo para una pareja que se encuentra despuésde cuatro años de ausencia, ¿no crees? Y detrás de su pregunta, en esta vez si llegó a notar cierta intención irónica. En realidad nunca fueron unapareja, sino más bien dos personasunidas de una manera extraña por undestino adverso y que después de vivir juntos durante once años se habían separado"(:127)&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En conjunto La muerte puede llegar mañana es un libro que demanda una lectura seria y atenta, sin distracciones. El nexo obra-lector, más la conocida destreza del autor en el empleo de la palabra exacta, se consolida de esta manera y, al final, queda el ineludible goce estético. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/26203244-114524724157966024?l=cardich.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cardich.blogspot.com/feeds/114524724157966024/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=26203244&amp;postID=114524724157966024&amp;isPopup=true' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524724157966024'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/26203244/posts/default/114524724157966024'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cardich.blogspot.com/2006/04/la-muerte-y-sus-alrededores-en-los.html' title='La muerte y sus alrededores en los cuentos de Samuel Cardich'/><author><name>Samuel Cardich</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00274635011840971560</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='29' height='32' src='http://photos1.blogger.com/blogger/1412/2742/1600/na.0.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
