sábado, junio 24, 2006 

LA GUERRA

Éramos adánicos
y aún podíamos inventar el mundo
o hacer al costado uno nuevo con la guerra.
Y éramos, simplemente.
Una suerte de aguerridos
que salían con la fantasía en armas
a librar una batalla.

El parque
era el escenario de la guerra.
Sitiábamos la plaza
y detrás de la barricada de los setos,
fuego graneado al enemigo.

Con fusiles de palo y otros pertrechos
ilusorios, de un solo asalto
caían en nuestro poder
ciudades con nombres de leyenda, en desbandada
las horas opacas, la rutina:
y a todo lo ancho del parque,
una vez más, el mundo era la infancia.

En quinientos metros a la redonda
no había recinto arbolado
ni silencio que resistieran la presión
de nuestro ataque.
Si blandamente capitulaba la tristeza,
¿quién podía vencernos?
Sólo los vendedores de manzanas
o el sonido vagabundo de la flauta
del afilador de tijeras
ponían una tregua de asombro a la lucha. Y vuelta
los soldados a dar comienzo a la ofensiva.

La guerra nuestro oficio: dos falanges
enemigas por acuerdo
para sojuzgar la soledad y el tedio de la tarde.
Y mientras la campana dominical
languidecía bajo el fragor de la batalla,
las mujeres de la casa
preguntándose a qué hora llegarán los combatientes.

Porque la guerra a los siete años
no tenía cuándo acabar.

martes, junio 20, 2006 

DÍA DE CRECIDA

Si no ganaba la guerra no hubiera podido comprobar que puede ser cierto lo que dijo mi tío Parmeño y es que ayer subí con mis soldados por esta cuesta empinada a recibir el botín de la guerra que perdieron los indios apaches y en la mitad de este cerro me estaba esperando el jefe Águila Blanca quien después de entregarme tristemente el tesoro sonrió y dijo en voz alta ¡ahora sí por fin podemos fumar la pipa de la paz! y juntos con él nos fuimos a la orilla de la quebrada por donde baja el Huacarmayo a fumar los diez cigarrillos que eran todo el tesoro y cuando estaba fumando sin parar de toser vi el hilito de agua que bajaba por el cauce seco del río anunciando que algo bien feo puede pasar y al ver ese hilito de agua seguí fumando y tosiendo con gran alegría hasta que empezó a ennegrecerse la tarde entonces dejé de sentirme alegre y me bajé del cerro pensando con temor en la santísima trinidad que es un látigo de tres puntas con el que mi mamá me castiga cuando llego después de las seis de la tarde y aunque ella no se quita del todo la mala costumbre de estarme pegando ahora es menos que antes porque tiene que lavar y coser mucha ropa y ya no tiene tiempo ni para escupir en el patio y es que más antes cuando yo le pedía permiso para ir a jugar ella escupía en el patio una saliva espumosa y después de amenazarme con la santísima trinidad me decía regresa a la casa antes que se seque la saliva y yo entonces tenía que partir a la carrera y apenas empezaba a ganar mis primeras canicas jugando al hoyito tenía que volver a mi casa y llegar justo cuando el sol estaba por secar el último puntito de espuma y eso pasaba antes cuando era chiquito pero como ahora tengo once años y además de mi casa salí bien temprano puedo lo más tranquilo ir recordando la rendición de los indios apaches mientras subo esta cuesta de la que ayer me bajé y ahora la vuelvo a subir porque anoche mi tío Parmeño me contó que hoy puede ser día de crecida y me dijo que eso puede pasar porque todos los años y justo en este día de marzo el príncipe antiguo sale de expedición con la gente que forma su ejército y cuando está alejándose de su pueblo de piedra que se encuentra a un día de distancia de este cerro empinado se quiebra el camino y muere al caerse por el despeñadero mortal y es ahí cuando su princesa al saber la noticia corre al triste lugar donde su esposo ha caído y sentándose en el suelo de paja se pone a llorar su desgracia cantando la canción que dice lloraré hasta formar un río de llanto y es ahí cuando el Huacarmayo se aprovecha para nacer de las lágrimas de la princesa Mamayatay y de acuerdo a la cantidad de pena que ella tiene para pasar su tiempo llorando el Huacarmayo se vuelve río dos o cuarenta días al año y baja todo furioso y crecido por un costado del pueblo y es por ese motivo que ahora yo subo esta cuesta pero no a ver ni a oír el llanto de la princesa ya que sólo se puede escuchar lo que llora cuando mi tío Parmeño me cuenta esa leyenda tan triste sino a esperar que el Huacarmayo baje con cólera para llevarse la casa grande del viejo don Oscar y es que esa casa es la única que se olvidó de llevar cuando arrastró el año pasado las últimas casas que habían cerca a su orilla y también la cancha de fútbol donde yo jugaba de Lolo Fernández y la destrucción de las casas y de la cancha de fútbol no fueron las únicas malas hazañas que hizo este río sino que según dice la gente más antes se llevó también animales y chacras y otras cosas más que no sé porque recién hace cinco años que llegué a este pueblo y en ese tiempo pasado no sabía que este cauce seco y lleno de piedras se llamaba río como ahora lo sé y lo que sí puedo decir es que la casa del viejo don Oscar no se la llevó porque la estoy mirando ahorita y él encuentra muy orgulloso de eso porque dice que hasta el río respeta a la autoridad y es que según me contó mi tío Parmeño el viejo don Oscar es el gobernador del pueblo desde que empezó a usar bigotes y hasta ahora y me dijo que el viejo siempre sale elegido porque tiene más plata que todos y además un lindo caballo de paso que saca a lucirlo en los desfiles de carnaval y el viejo sólo saca ese uno porque es el único que le quedó desde que se le murieron los otros caballos que tuvo y eso le sucedió en la fiesta de San Miguel cuando un cohete cayó al techo de paja de su galpón y lo quemó facilito y después de hacer eso el cohete bajó a la puerta de entrada y la cerró con la candela que hizo para que nadie pueda entrar ni los caballos que estaban dentro del galpón pudieran salvarse del fuego y luego el cohete se convirtió en incendio y se puso a quemar con una paciencia de más de dos horas a los pobres caballos menos a ese caballo que se salvó de milagro pero en verdad no fue el mismo milagro el que lo sacó de la candela sino la tierra y el agua y los insultos que estuvo echando la gente del pueblo para apagar el incendio y cuando al fin se apagó hubo un silencio y una tranquilidad que todos aprovecharon para tener pena por la muerte de los pobres caballos y también para ponerse a comentar que el cohete provocó esa desgracia para que el viejo comprenda y deje de estar haciendo daño a la gente y como el viejo no había escuchado los comentarios que hacían no comprendió eso sino lo único que hizo fue decir que todo sucedió por el descuido del negro que tenía que haber estado cuidando el galpón y ahí mismo ordenó a dos peones que salieran a buscarlo y una vez que lo hallaron le pegaron bien duro para que así aprenda a no ser descuidado en otra vez que un cohete caiga al techo de paja del galpón con la mala intención de dejarle a don Oscar con un solo caballo y después de darle una tunda le encerraron en la cárcel para cuatro personas que hay en el pueblo y que don Oscar mandó construir según dijo para que este pueblo tenga su cárcel y esté a la altura de otros pueblos más grandes y después que Simón estuvo bien encerrado el viejo lo hacía sacar cada dos días para que lo golpeen de nuevo y era por eso que mi mamá tenía que esperar que lo vuelvan a meter en la cárcel para curarle sus heridas y llevarle comida y también para charlar bastante con él y fue en la quinta charla cuando Simón le dijo a mi mamá que en los veinte años que venía trabajando para el viejo ganando unos cuantos centavos recién se enteraba de que aparte de trabajar en su hacienda tenía también que cuidarle el galpón y eso que dijo fue la última pena que le contó a mi mamá porque al día siguiente cuando el viejo don Oscar fue a la cárcel para alegrarse de la desgracia del pobre Simón el cuidador le dijo que la cárcel estaba vacía y que al negro se lo había tragado la tierra y aunque eso fue lo que don Oscar y su gente dijeron por todos los sitios Simón apareció dos días después por el agua a un kilómetro del pueblo y tirado en la orilla del río Huertas y al saber eso todos fuimos a verlo y también don Oscar y su caporal quien se quedó largo rato mirándole al muerto y luego dijo seguro que este hombre se metió en el río sin saber nadar y se ahogó y cuando escuchó eso toda la gente con los ojos le dijo a don Oscar que tendría que ser muy cojudo el hombre que se escape de una cárcel sólo para irse a ahogar en el río y don Oscar al sentir lo que le decían más de cincuenta pares de ojos sólo miró más allá como si deseara que el muerto estuviese más lejos y dijo que en ese momento se iba a traer a las autoridades de la provincia para que investiguen el caso y por detrás de las palabras que él dijo todos nos fuimos a casa menos los dos hombres que el viejo dejó vigilando para que se descuiden del muerto porque cuando el viejo y las autoridades volvieron Simón ya no estaba en el río y al día siguiente que desapareció como por arte de magia todos se olvidaron de él menos yo ni mi mamá que iba diciendo que Simón era el único que pudo haberla sacado de la mala herencia que mi bisabuela le dejó a mi abuela y mi abuela a mi mamá y mi mamá a mi hermana Sofía que vive sola con sus dos hijitas en medio de Lima y esa mala herencia era la de ser mujeres con hijos sin padre y al escuchar eso y el hipo con sentimiento que ella daba al llorar me entró una cólera que me hizo hablar palabras mal educadas contra el viejo don Oscar y al oírme hablar en esa forma furiosa mi mamá me hizo callar poniéndome en la boca dos de los dedos tristes que ella tiene y luego movió su cabeza y en el movimiento de su cabeza yo entendí que me estaba diciendo aunque sabemos la maldad que hizo ese viejo nada se saca ahora hablando su mal y yo la hice caso pero sólo por fuera porque por dentro seguí hablando con fuerza palabras mal educadas contra el viejo don Oscar y es por ese motivo que no siento ni una pizca de pena al pasar frente al galpón quemado que se encuentra como a trescientos metros de la casa grande del viejo y lo que sí podría sentir es miedo si estuviera subiendo de noche y es que según cuenta la gente cuando es la noche de San Miguel y revienta un cohete por el lado donde está el galpón éste se vuelve a incendiar y a quemarse de nuevo los pobres caballos quienes relinchan hasta que se ponen de punta los pelos de la gente que tiene el valor de mirarlo para sentir miedo pero como ahora no estamos en la fiesta de San Miguel y además como está haciendo un buen sol subo tranquilo esta cuesta a esperar que baje el Monstruo y es que así le llaman al Huacarmayo cuando baja con cólera trayendo mucho agua y lodo y piedras también porque las piedras le sirven para empujar las casas que ablandó con el agua y eso es lo que el Monstruo hizo el año pasado con las casas que habían cerca a su orilla menos con la casota del viejo ni con la chocita que está en esta segunda loma llena de espinosos huarangos y debe ser porque el Monstruo sabe que allí vive muy solo y triste un viejito que se llama Telo Reymozo y él vive ahí desde que la enfermedad le dejó más pobre que nuestra pobreza y eso le pasó porque a él le hicieron el daño para que esté bebiendo todos los días y pase su vida sentado en la puerta de la destilería del viejo don Oscar esperando que le den su botella de aguardiente para beber y durante años el pobre don Telo vivió así y sólo pudo librarse del mal cuando don Oscar terminó de cambiarle por licor la última casa que tuvo y fue la miseria en la que se quedó la que lo hizo subir a esta chocita donde vive ahora sin tener nada ni a nadie y sólo esperando que llegue la muerte para que pueda morir y todo eso le pasó porque a él le dieron por la boca el bocado del mal una de las cinco queridas que tiene don Oscar y ellas son Pancharusa y la Cheraca y la flaca Paulina y doña Juana y dicen que Evita también porque con ella serían cinco que es el número de queridas que la gente dice que tiene don Oscar pero yo no creo que haya sido Evita la que le dio el bocado del mal a don Telo porque ella es muy linda y muy buena con todos y más todavía conmigo porque me regala dulces y me saluda en la calle cerrándome los ojos y cuando no los cierra para saludarme me dice dichosos mis ojos que te ven o me dice también hola simpático y ella es tan buena conmigo que el otro día me hizo entrar a su cuarto y allí con gran cariño me dijo vas a aprender una cosa que te va a servir de joven y diciéndome eso se puso a canturrear y a quitarse una a una su ropa y cuando estaba por sacarse de la otra pierna la trusita de color rojo me dijo tiene que jurarme que lo que va a suceder aquí no se lo vas a contar a nadie y yo entonces levanté una mano con la palma abierta porque en ese momento me acordé de cómo hizo don Lucio cuando juró en una asamblea y le dije sí juro y cuando dijo eso ella se rió echando la cabeza hacia atrás y me dijo eres un hijito y varias veces me besó en la boca con unos picotazos bien suaves y después de besarme y de quitarme toda mi ropa y de hacerme varias cosas más para que se despierte el gusano como ella dijo me pidió que subiera a la cama a cubrirla y después que yo la cubrí ella dijo arrancó el trencito y se puso a moverse y a hacer un ruido igual a esa máquina y al rato que estuvo haciendo eso se puso bien seria y me dijo haz como si avanzaras nadando pero sin mover los brazos y yo me puse largo rato a nadar sin tener el río bajo mi cintura hasta que al último ella sonrió con una alegría cansada y me dijo levántate porque terminó el viaje y ahora que me acuerdo de esas cosas tan buenas que hice con Evita y que me van a servir después cuando llegue a ser joven es que no creo que haya sido ella la que le dio a don Telo el bocado del mal sino que lo más seguro es que fue el mismo don Oscar que anda buscando pretextos para quedarse con las casas de los vivos y también de los muertos y es que en una fecha esa maldad le hizo a Joram Coronado y resulta que eran cinco días que él había muerto y la gente estaba acompañándolo en su segundo velorio porque dicen que a los cinco días el muerto despierta de la muerte y se pregunta ¿así que yo había muerto no? y después de decirse eso se siente muy solo y por primera vez extraña de verdad a la vida y a los amigos de toda su vida y es ahí cuando el finado mira desde arriba hacia el mundo y si ve que la gente está en su segundo velorio sabe recién que lo quisieron en vida y se consuela de estar muerto al ver que sus amigos siguen estando de su lado y esa noche todo estaba yendo de lo más bien en el segundo velorio de Joram cuando se presenta el viejo don Oscar con dos de sus peones forzudos y después de echar a los que estaban conversando y tomando y llenando con humo de cigarrillos el cuarto cerró con un candado la puerta diciendo que esa casa pasaba a ser suya porque Joram la había perdido en una pelea de gallos que tuvo con él y fue ahí cuando a todos nos enfrío la sorpresa porque Joram nunca jugaba a nada y era muy religioso y sólo se dedicaba a caminar con su Biblia y a gritar ¡aleluya! en su iglesia y por lo que pasó esa noche es que yo creo que fue el mismo viejo el que vio la forma de darle a don Telo el bocado del mal y por todo eso y por otros problemas más que suceden es que de vez en cuando hay un día en que yo recuerdo con cólera esas cosas injustas y como uno de esos días es ahora también es que sigo subiendo la cuesta a esperar la llegada del Monstruo porque no falta mucho para alcanzar la cumbre en donde voy a sentarme a esperar que baje el Monstruo en la hora justa en que debe bajar y es que dentro de poco serán las nueve de la mañana y a esa hora es cuando don Oscar sale al corral con la bolsa de maíz para darles de comer a sus gallos y ese trabajo lo hace él ahora porque ya no estoy yo para obedecerlo en los varios mandados que me ordenaba hacer cuando entré a trabajar en su casa y dos de los varios mandados que hacía era uno dar de comer a los gallos y el otro sacarlos de las jaulas para que hagan sus ejercicios y así no se cansen mucho cuando entren a ganar dinero para don Oscar peleando con otros gallos en las canchas de Huánuco y a medida que sacaba a los gallos los iba tirando hacia arriba para que aprendan a patear saltando bien alto y para que no sufran de mareos al pelear en círculo los hacía pasar entre mis piernas abiertas para que hagan el número ocho y cuando los gallos empezaban a tambalear borrachos del ejercicio les ponía en la pata el lazo que amarraba en cada una de las estacas del suelo y que tenían que estar separadas por un lejos de más de dos metros porque estos animales andan siempre con ganas de pelear y son peores que los tigres que sólo pelean cuando se encuentran con Tarzán en la selva y sólo cuando están lejos el uno del otro tranquilizan su cólera y se echan a tomar su solcito con las alas abiertas y ahí resulta que un día al agarrar al gallo negro que es el más pendejo de todos los gallos que tiene don Oscar me acordé de Simón y de mi hermano Carlitos que es negrito también y de las cosas chistosas que dice su boca y que me hacen quererlo todos los días y más todavía a la hora del desayuno porque apenas termina de comer lo poco que nos da mi mamá viene donde mí y me dice ya estoy gordo o se frota la manito por el estómago para decirme ya estoy gordo con ese ademán silencioso y pensando en mi hermano me acordé del cariño que Simón le tenía a Carlitos y entonces al sentir con fuerza las plumas negras del animalito en mis manos le dije al gallo tú eres Simón y lo llevé a hacerlo carear con el gallo engreído del viejo y le encendí el lío diciéndole a ese ajiseco a ver pégale al negro si eres muy macho y cuando le dije eso al gallo que ahora le llaman “El tuerto” éste se lanzó contra el negro con una furia que le hizo sentir miedo a uno de los peones que vino a ver la pelea pero no a mí porque yo me eché de barriga al suelo y me puse una pajita en los dientes para mirar lo más alegre a los gallos que peleaban con odio hasta que el negro le bañó al ajiseco de sangre y de un espuelazo le sacó el ojo derecho y en el momento justo en que yo estaba diciéndome quién iba a pensar que el ojo de los gallos es igualito a una canica el viejo llegó y me armó un escándalo y al ver eso me alejé hacia atrás para que me lleguen más suaves los insultos que contra mí él decía y desde ese lejos le grité ¡y por último quién le manda a sus animales ser gallos de pelea! y después de decirle eso salí a la calle y me fui a terminar la mañana y cuando volví a mi casa encontré que los dos baúles y el catre donde duerme mi mamá con mi hermano Carlitos y las mesas y las sillas y mi tarima de mí y la de Hugo y las otras cositas más que tenemos estaban en la calle porque don Oscar nos había echado del cuartito que mi mamá le pagaba lavando la ropa de él y de su esposa y fue por ese motivo que nos tuvimos que ir a vivir en la casa de mi tío Parmeño y desde ese día yo dejé para siempre de ir a trabajar para el viejo y también de saludarle en la calle diciéndole buenos días don Oscar y no papá porque él eso era de mí y esa novedad me la contó mi mamá una tarde y me dijo que no se la contase a nadie porque nadie lo sabe ni siquiera don Oscar porque hacía tanto tiempo que olvidó que yo era su hijo que ya tampoco él lo sabía y me dijo también que el motivo por el cual nos vinimos de Huánuco a este pueblo no fue para cambiar de ambiente como acostumbraba decir sino para buscar el apoyo de ese hombre y así escapar de la pobreza pero ahora ella sabía que la pobreza corre más ligero que los pobres y hablaba de esa manera porque si es que nos íbamos de acá ya la pobreza nos estaría esperando en la entrada del otro pueblo adonde nosotros recién estaríamos por llegar con nuestros bultos pesados y me dijo que todo eso le llegaba a su boca porque ni don Oscar ni tampoco los otros no le iban a dar nunca el mendrugo de ayuda que le estaban debiendo a sus hijos y era por ello que tendríamos que seguir siendo los pobres y sólo conocer el miedo y eso que la escuché decir al último es cierto porque apenas ella tiene uno o dos pocos de dinero en la mano lo primero que piensa es que se le puede perder o que alguien se lo puede robar y nunca se siente segura ni alegre como toda la gente que tiene dinero en la mano y seguro que para recuperar por adelantado el dinero que se le puede perder o que alguien se lo puede robar ella tiene que coser más que antes pero lo que cose sólo le deja unos cuantos centavos después que doña Idida le cobra por el cansancio de la maquinita de mano que le alquila y como desde que llegamos a este pueblo mi mamá trabajaba mucho para que nunca le alcance el dinero mi hermano Hugo y yo teníamos que salir diariamente a pescar de todo y es que cuando uno va a pescar no puede decir voy a pescar puro trucha porque salen bagres y truchas y cachuelos también y siempre íbamos los dos porque mi hermano era el que iba tirando la red en el río y yo el que iba recogiendo en un viejo cenacho los pescados grandes que él arrojaba de su red a la orilla y sólo recogía los grandes porque cuando mi hermano hallaba en su red algunos chiquitos los echaba al río diciéndoles vayan a buscar a su mamá y los grandes eran los únicos pescados que llevábamos a vender después de separar para el almuerzo algunos y esas ventas pasaban cuando era verano porque en invierno el río cargaba bastante y los peces no andaban con mucho ánimo de entrar en la red y entonces la pasábamos mal pero fue a partir del percance que le sucedió a mi hermano cuando la vida se volvió peor y resulta que era invierno y las once de la noche en el mismo momento en que Hugo caminaba por detrás de la casa del Brazo Derecho del viejo don Oscar cuando le sale al encuentro el perrazo que tiene ese hombre y después de morderle a mi hermano empezó con ladridos a llamar a su dueño para que salga a cogerlo y lo haga encerrar en la cárcel porque según dijo después ese hombre que él le había encontrado a Hugo robándole un par de gallinas y por ese problema mi mamá al día siguiente pasó su cumpleaños sufriendo y otros dos días también porque recién al tercer día le dejaron a Hugo salir y después que salió de la cárcel cada vez que se le perdía algo a la gente lo primero que hacía era venir derechito a buscarlo en la casa que nos dio a cuidar mi tío Parmeño y por ese motivo fue que Hugo nos dejó para irse a trabajar en un pueblo olvidado y lejano porque sus cartas son tristes y nos llegan cada tres meses y desde que Hugo se fue de la casa iba yo solo a pescar pero como los peces nunca me habían visto pescando en el río Huertas no querían entrar por más que me pasaba toda la mañana metiendo mi atarraya y ahí resulta que una mañana en que estaba volviendo con mi atarraya vacía busqué al perro que tuvo la culpa para que mi hermano no estuviera pescando conmigo y al encontrarlo cogí una piedra y la eché un soplido para que la piedra volara con fuerza y con más puntería y aunque el perro ese día estaba bien lejos de mí la piedra cayó justo en el lugar que había apuntado y desde esa vez yo tomé la costumbre de ir a diario al río Huertas y sólo para que al regresar con mi atarraya vacía me acuerde de la maldad que hizo ese perro y le tire con puntería una piedra soplada y hasta que un día en que calculé que mi hermano había sido bien vengado dejé de ir al río y sólo me dediqué a subir a los árboles a coger frutas que sólo sirven para comer y es que las frutas que da este pueblo no se las puede vender a nadie porque aquí todos tienen sus huertas y por tener sus huertas ellos dicen que tienen vida propia menos nosotros que somos extraños y no tenemos ni chacra ni huerta y nuestra vida es ajena porque mi mamá cose y lava ropa de la gente ajena o prepara comida para que lo compren y lo coman más la gente ajena y cuando no tiene dinero para pasar el día ella sale al campo y se arrodilla para pedirle al cielo celeste que haga lo posible para que nuestra vida sea propia igual que de otros y un día de esos en que no había ropa para coser ni para lavar ni comida para vender apareció en el Palo de los Avisos que hay en la entrada del pueblo un cartel donde decía Gricelio necesita dos ayudantes de cocina para el albergue y el albergue es la escuela a donde vienen en abril los chicos de Cochatama y de Viroy y de Mauca y de otros pueblos para que les den de estudiar y de comer y también de dormir y resulta que cuando mi mamá supo lo del aviso fue donde Gricelio a decirle si podía darle trabajo y Gricelio le dijo que volviese otro día porque lo iba a pensar y mi mamá tenía que ir todos los días a escuchar la misma respuesta y una tarde en que fue de nuevo al albergue encontró a Gricelio que seguía pensando si podía darle o no el trabajo y a los dos ayudantes que estaban trabajando completos y ahí entonces mi mamá le reclamó y cuando terminó de decirle los varios por qué que ella le dijo Gricelio la miró con esos ojos verdes y malos que él tiene y le dijo que no le había dado el trabajo porque lo que ella quería era sólo dar de comer gratis a sus hijos de todo color y entonces mi mamá me acercó a su lado para decirle a Gricelio que él no tenía por qué remover las cenizas de su triste pasado y durante un rato más le dijo otras cosas que me simpatizaron tanto que le ayudé a insultar diciéndole a Gricelio unas palabras bien feas pero que al oírlas me sonaron bonito y por esas cosas que estoy recordando ahora y por otras peores que hace el viejo don Oscar es que estoy sentado en la cumbre de este cerro esperando que baje el Monstruo y ya debe estar por bajar porque están empezando a sonar los truenos y a reventar los rayos como el látigo vengador de Zorro y esa es una buena señal que me dice que debo poner la oreja en el suelo como hacen los indios apaches para oír si va acercándose el Monstruo y debe estar ya muy cerca porque siento un ruido de mil caballos que vienen hacia mí galopando y me levanto para ponerme en un sitio seguro porque el Monstruo bajo furioso en este momento en que no hay ni una sola persona del pueblo para que avise a los otros del tremendo peligro que corren y es que en los años pasados cuando el Monstruo bajaba uno del pueblo desde la cumbre decía ¡el ríooo! al hombre que se encontraba más abajo y ése ¡el ríooo! al que estaba más abajo y así iban estirando las palabras ¡el ríooo! para que sus gritos lleguen hasta el mismo poblado y la gente escape a las partes altas dejando sólo sus cosas que no son de mover y eso que me contaron pasaría antes pero ahora no será así porque estoy yo solito en esta cumbre sin ningún deseo de avisar a gritos sobre el peligro que lleva en sus aguas el río y viendo de lo más contento cómo el Huacarmayo baja desbordando su cauce para llevarse el tupido arcabuco y dejar sólo los saúcos que dan unas uvillas que oscurecen el hígado cuando uno las come pero no a los zorzales porque a ellos les alimenta y les sirve también para que aclaren su voz al cantar y el Monstruo después de llevarse las malezas y los árboles que no producen uvillas para los zorzales cantores sigue bajando con fuerza y cuando está bien abajo se lleva el galpón que el viejo dejó quemado para que según sus falsas palabras la gente se acuerde de la desgracia que le pasó por el olvido de un mal cuidador y después de llevarse el galpón el Monstruo se acerca con odio a la casota del viejo que en este momento tiene que estar dando maíz a sus gallos y luego se parte en dos para empujar las dos columnas redondas que tiene esa casa y se mete adentro sin tocar la puerta con temor como lo hace la gente del pueblo y derriba la casota como si fuera una casita de azúcar y junto con la casota ¡qué se lleve también a don Oscar! porque él más que nadie es el que echa a perder a este pueblo que en las mañanitas huele al rico olor del café tostado que la gente prepara para tomar su café y en las tardes a naranjas o a chirimoyas o a limas y eso depende del mes en que uno esté andando por los distintos sitios con huerta que tiene este pueblo y el Monstruo con todo don Oscar se mete al pueblo para llevarse al Brazo Derecho del viejo y dos cuadras más abajo a la bruja Ranrana que echa agua hirviendo a todos los perritos que pasan hambrientos y huérfanos por la puerta de su casa siniestra y sigue bajando para llevarse al cruel que por pura maldad tumbó con su hacha a un chirimoyo silvestre que alimentaba a varios chicos sin padre y más allá se lleva al usurero culpable de que los pobres del pueblo sean más tristes y el Monstruo sigue bajando y se acerca a la cárcel y la levanta con sus gigantes manos de agua y lo tira contra las piedras de la orilla y cuando ve que la cárcel está rota en cuatro pedazos se dirige al albergue y se mete en la cocina y voltea las ollas donde preparan el caldo de papas y el guiso de arroz con frijoles podridos que son los únicos platos que casi todos los días prepara Gricelio porque dice que no le alcanza la plata que le dan ni los carneritos que los chicos traen arreando desde sus pueblos en el primer día de abril para que se alimenten con ellos durante el tiempo que dura el estudio y el Monstruo después de tumbar la cocina sale del albergue y se dirige a la entrada del pueblo y derriba el Palo de los Avisos que sigue anunciando Gricelio necesita dos ayudantes de cocina para el albergue y luego sigue bajando más todavía y en el sitio que se encuentra en el último abajo del pueblo el Monstruo o Huacarmayo o Río de Llanto como también le dice la gente hace una lagunita y se duerme dejando sanitas a todas las casas restantes justo en este momento en que empieza a caer una lluvia menuda y yo esperaré que la lluvia me moje y cuando el frío que tenga me haga doler todo el cuerpo de este cerro bien alto donde me encuentro sentado recién bajaré al pueblo libre de toda esa gente que lo estaba haciendo sufrir.

Del libro Malos tiempos, Ed. San Marcos,
tercera edición (pags. 49-67)

domingo, junio 18, 2006 

DÉJALA IR CRIOLLITA

Te explico sobre el brillante porvenir que Mestiza quiere poner al alcance de tu hija, y en vez de alegrarte o de decirle a tu amigo que se encuentra contigo después de diez años: gracias, Tacho, por traerme esa grata noticia, me respondes que debo tener las pelotas de este tamaño para venir con toda la pachocha a hacerte una proposición de esa índole; que Mestiza debe haber perdido la chaveta para creer que por el simple hecho de que tu hija se llame Crisálida, vas a dejar que la convierta en una de esas mariposas nocturnas que recluta para sus canacas donde oficia de madama; y encima de eso, como si estuvieras nadando en la abundancia, me pides que le devuelva a Mestiza los billetes grandes que te envía en prueba de afecto y que le aconseje con las palabras más tiernas para que haga con ellos un precioso rollito y se los meta en el culo, pues debe saber que tu hija no está en venta para que pretenda comprarla, sino que se encuentra sirviendo a su madre que sudó el quilo para hacerla llegar indemne a esa edad seductora; y es que la hermosa Crisálida es un lirio que florece en el verdegal de la inocencia y se conserva tal como vino al mundo. Eso me respondes, y acompañas la faramalla con una escandalera mayúscula para hacerme comer crudo el cuento de la novicia que está haciendo voto de castidad en su hogar respetable; como si no fuera de dominio público que este cuchitril no es más que un bulincito casero de mujer sola y que a la ingenua Crisálida lo único que le falta es echarse dispuesta en la cama donde su pobre madre trabaja sacrificadamente, desnuda y con un empujante encima.

Todo eso lo sé, Criollita, por eso no me hacen ninguna impresión tus chillidos de gata ni las macanas que dices. Lo que me saca de quicio es que te emperres en negarte al progreso de tu hija, que en lugar de estar entregándose a todos los gallos del barrio sin recibir ni las gracias, debería estar sacándole provecho a su belleza en un sitio donde sepan pagarle a peso de oro la suerte de tenerla en sus brazos. Esa y no otra es la posición de categoría que le corresponde a Crisálida. Pero resulta que su biliosa madre se opone a que ella cambie a ese estilo de vida con el fin de guardarla para esos ganapanes que conforman su clientela y que andan pidiéndole a lágrima viva para que se anime de una vez a meterla en el oficio. Y antes que esa sirena blanca y de ojos garzos se venda a precio de oferta, Mestiza quiere enderezarle el destino sacándola de esta barraca de tablas para ponerla a trabajar en una de las cuarenta habitaciones de lujo del amplio local que vamos a inaugurar en breves días.

Ya te dije que es un hermoso chalet de dos plantas, situado a pocos kilómetros de la ciudad, en un lugar apacible y rodeado de áreas verdes que le dan el aspecto de una inocente casa de campo. A más de su discreta ubicación, de las comodidades que posee y que ya te enumeré en un comienzo, el chalet cuenta también con un jardín interior abierto a los vientos, adonde Crisálida podrá salir en sus ratos de ocio a respirar aire puro y a formular deseos de amor cuando vea por el cielo cruzar a los astros errantes; porque siquiera a eso tiene derecho esa muchacha con grandes condiciones para la vida alegre de clase alta, como dice Mestiza; y se ha expresado así, porque ella no te está pidiendo a tu hija para meterla en un callejón hediondo donde tendría que esperar a sus clientes, parada en la puerta del cuarto y mostrando la coroncha, sino para instalarla a toda bombolla en un lugar exclusivo, donde será elegida mediante el álbum de fotografías que pondremos a disposición de los habitúes en la sala de espera.

Ya te manifesté asimismo que Mestiza le va entregar a Crisálida un aposento decorado en azul y equipado con mobiliario completo, en el que destaca el elegante tocador con su espejo cuadrilongo, donde ella podrá mirarse a gusto su hermosa grupa de potranca y esas tetas espléndidas que sacará en breve tiempo, y nada más que de resultas del trabajo sencillo y reposado que va a desempeñar, con un horario que empieza en el crepúsculo y culmina en la medianoche, pues esa mujer magnánima que se llama Mestiza ha decidido que el local no cuente con bailadero para que las muchachas no tengan que estar trasnochando ni bebiendo licor antes de tener la edad suficiente.

Aparte de esas gangas que serían lo bastante atractivas para convencer a otra madre que no fuera tan dura de oídos, en nuestra casa tu hija tendrá la singular ocasión de refinar sus modales y de adquirir cultura, ya que allá va codearse con niñas extranjeras y que han visto mundo, las que se encargarán de instruirla en el trato de gentes y de paso le contarán en largos capítulos de sus viajes por tierras donde el sol es eterno para hacerla soñar despierta con paisajes exóticos y ciudades blancas erigidas al borde del mar. Y he dicho niñas, porque conforme te manifesté hace media hora, nuestra casa no albergará a momias ambulantes ni a ninguna vulgar trotacalles, sino únicamente a ninfas sabrosas y de carnes pétreas, entre las cuales la más veterana tendrá veinte años lozanos y llenos de un candor que empezarán a perderlo apenas las pongamos de alumnas de una experta en asuntos de alcoba, quien, en estrecha colaboración con un macho insaciable, se encargará durante siete noches en darles lecciones prácticas para afinarles las posturas en las diferentes variantes que existen para hacer el amor; para que así los clientes que se refocilen con ellas, se vayan felices, saltando como monos del gusto de haber estado con una hembra que domina todas las movidas por el revés y el derecho.

Y con la numerosa clientela que llegará atraída por la fama de paraíso eró-tico que ganará prontamente el negocio, la profesión le será tan rentable a tu hija, que después de pagar su alimentación, el alquiler diario del cuarto, el desgaste por uso frecuente en el esmaltado del bidé y las lentas quebraduras que va a ocasionar con sus meneos en la armadura del lecho; su cuota de sacrificio para pagar el generoso silencio del señor prefecto y el ramo de orquídeas que se remitiremos mensualmente a su digna esposa; la parte proporcional que le toca en el consumo de luz de los catorce faroles coloniales que iluminan la fachada y el ámbito interno; en el salario de la mujer de la limpieza y del mandadero, y en otros gastos corrientes que se me olvidan, a Crisálida le sobrará tanto dinero que podrá jubilarse en dos años, es decir, cuando tenga diecinueve años radiantes y tan levemente usados, que podrá reintegrarse a sus ilusiones de adolescente sin ningún cargo de conciencia que le haga perder el sueño.

Y no sólo eso, Criollita, sino que mucho más antes que piense en su voluntario retiro, le puede caer de suerte un machucho dueño de bienes raíces y de un corazón permeable al amor que la podría sacar del negocio para llevarla por uno de los treinta y dos rumbos en que se divide el horizonte de la felicidad. Y ni siquiera con la imaginación más afiebrada lograrías adivinar la vida muelle que el propietario le daría a tu hija. Sin embargo, si no te cautiva la idea de verla casada con un vejete por más que sea jarifo, puedes ejercer tu derecho de madre y obligarla a que continúe en el sitio, para que con ese largo de uñas que tienes, le birles una parte de los ingresos y le cobres así el dolor del parto y las canas verdes que te causó su crianza. Y con el rico dinero que te traerá semanalmente la propia Crisálida, puedes abrir una tienda de géneros o un negocio de ultramarinos en el que te dedicarías a vender caro los matutes que traen al puerto los barcos que llegan de países remotos. Y en pocos meses te convertirías en una tendera próspera, a quien su holgada posición económica le permitiría vestirse sólo con trajes de seda joyante y adornarse con alhajas de alto coste, que andaría por la calle con el cuello tieso y sin responder a nadie el saludo, ni siquiera al culpable de tu fortuna, Criollita sobrada, que te llamaría con cariño por tu nombre de pila: ¡adiós, Diodola, amiguita del alma!, para que te apiades de mí y me regales una sonrisa, pero tú ni la tos.

Ya ves, Criollita, recién cuando te doy razones de conveniencia dejas de fruncir el ceño y muestras en tu rostro una expresión amigable. Sólo que ahora me das la callada por respuesta, porque sigues haciendo girar en tu cabeza la idea de que somos unos roba chicos que tienen la negra intención de quitártela para siempre a Crisálida. Te equivocas. Mestiza sólo quiere que se la alquiles de lunes a sábado. Los domingos por la mañana te la vamos a devolver más inocente que cuando la sacamos de este lugar, porque volverá puesta sus zapatitos de día festivo, sus calcetas blancas con dobladillo y sus trapitos de cristianar, para que nadie diga que está retornando del Vergel del Amor, como se llamará el local que Mestiza inaugura el primero de abril, sino de oír misa en el internado para señoritas donde la pobre muchacha estuvo toda la semana entregada al estudio. Porque tú misma te encargarás de hacer correr la noticia de que tu hija se encuentra estudiando en un colegio de religiosas, para que las acusicas que viven en este barrio de malandrines, echen flores al hablar de ti, Criollita, por ser una madre abnegada que se entrega a tres o cinco estibadores por noche con el noble fin de costear la instrucción de su hija.

O sea que aparte de ganar mucho billete hasta vas a pasar por mujer ejemplar ante los ojos asombrados de tus vecinos. Pero más que por el prestigio o por esa hambre canina que sientes por el dinero, debes acceder porque estás en la obligación moral de impedir que Crisálida cometa tus mismos errores. Empezaste a callejear con Mestiza, y mientras ella supo explotar con sentido comercial sus encantos y ahorró lo suficiente para abrir tres lujosos moteles, tú abandonaste por largos años el oficio para amancebarte con un caballero de industria que después de llevarte a la rastra por las calles de la amargura, se fue dejándote de recuerdo a esa criatura adorable y una historia tan negra con la que se podría escribir un drama para hacer llorar a la gente.

Ahora ya ni suspires, Criollita, porque es muy tarde para remediar todo lo que ha pasado, como dice aquel bolero nostálgico. Lo que puedes todavía recuperar es una parte de los morlacos que tu marido Natalio Sanatás te hizo perder durante siete años con sólo realizar el sencillo encargo que te pedimos. Y ni siquiera te vas a agotar con el esfuerzo, pues lo único que tienes que hacer es sentarla a Crisálida en tu regazo y recordarle que ya tiene diecisiete años y es necesario que se busque un destino para que pueda pagarse el condumio y las pilchas que usa; pero como da la mala casualidad que no hay empleos porque el país está jodido por la crisis económica, una amiga tuya que la conoce de vista y se ha quedado prendada de su belleza, desea darle la oportunidad de contar con un trabajo fijo y muy lucrativo en el elegante motel que posee al norte de la ciudad. Y vas a ver que esa muchacha avisada como una lagartija, apenas termine de escuchar las utilidades que obtendrá en el oficio, va aceptar sin más ni más la propuesta y hasta se sentirá orgullosa de ti por haberla traído al mundo, guapa y con tan buena estrella.

¿Te dije o no que ibas a realizar una comisión simple y de lo más placentera? Por eso no debes rechazar el sabio consejo de este trujamán que exponiendo su vida viene de noche aquí, a los temibles barracones del puerto, a ofrecerte dinero contante y sonante para que dejes de seguir empujando como un escarabajo pelotero el cagajón de una existencia que sólo inspira tristeza.

Después de esta prueba de amistad leal que te doy, ¿sigues todavía dudando del hombre que te protegió con amor cuando trabajabas en El Botecito con el elegante seudónimo de Arria Marcela? ¿Ya no, verdad Criollita? Entonces dame una dulce sonrisa para saber si te encuentras con ese natural alegre y despreocupado de la morocha que conocí hace veinticinco años.

Eso es, así me gusta que me indiques con una sonrisa que estás dispuesta a conversar con más tranquilidad y detalle sobre el brillante futuro que le espera a tu hija.

Del libro Malos tiempos , Ed. San Marcos,
tercera edición (pags. 37-45)









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